martes, junio 17, 2008

Alta

Destilado por: Patodizath en 8:31:00 a. m.



Hace cuatro años me operaron. Mi vesícula decidió vivir en la comodidad del formol de un frasco en lugar de mi estómago y comenzó a molestar.
El primer intento de huida fue el seis de febrero, pero por cierta falta de atención de mis padres no fue hasta el diez de marzo que me llevaron al doctor y me internaron.
Mi vesícula tenía que ser extirpada por que tenía alrededor de sesenta y cuatro piedritas, lindas hijas suyas.
Pero al hacerme análisis, descubrieron que tenía otra cosa aparte de piedras en la vesícula.
Yo, como no puedo contagiarme de nada, estaba en la última fase de una hepatitis B, no había riesgo para los que estaban alrededor mío, ni para mí, con unos antibióticos bastaba.
Como estaba en la última fase, no contagiaba a nadie, pero mi sangre no coagulaba por lo del hígado y su eterno trabajo de purificarla, mi sangre era algo así como agua.
Así que me dieron media farmacia para la hepatitis antes de intentar cortarme y muy probablemente morir desangrada en el quirófano.
El viernes que me dieron la noticia de que me iban a dar de alta me puse tan feliz que no puse atención a las indicaciones de los doctores.
La enfermera dijo- Toma- y me puso una bolita de algodón con alcohol en el pequeño orificio en el que habían metido la aguja del suero-NO te lo quites hasta dentro de una hora-
La bolita de algodón estaba justo en el hoyito y por lo tanto me ardió y según ella se quitaría rápido pero de lo emocionada que estaba no la oí.

Mi mamá fue a firmar los papeles y yo mientras comencé a caminar por los pasillos que ya conocía a la perfección. Me encaminé hacia la sala de espera.
Rocha es un primo muy querido, y el estaba ahí esperándome, muy contenta salí y grité:
-¡¡Rocha!!- y el volteó sonriente a mirarme.
-¿Ya estás bien?- me preguntó
-Si- le respondí felizmente-¡Mira!- le dije mientras levantaba el algodón.

Un chorrito de sangre de color casi anaranjado salió del pequeño orificio de la mano derecha.

-¡Ah!- gritamos al mismo tiempo, me comencé a sentir un poco mal ya que no era la primera sangre que salía de mí en el mes (Sí, se me juntó la regla con los ocho análisis y la pequeña fuente de mi mano) así que se imaginarán como me comencé a sentir.
Regresé por el pasillo ayudada por Rocha y me encontré con el guardia que me agarró de los brazos y me llevó hasta la oficina donde se reunían todas las enfermeras.
-¿Qué te pasó?- preguntó una y comenzó a limpiarme.
-Te quitaste el algodón ¿Verdad?- restregó un gran pedazo de gasa mientras seguía pululando cosas raras acerca de la irresponsabilidad.
Después de unos minutos de ver como la enfermera vendaba mi mano y como el intendente limpiaba el rastro rojo/anaranjado de sangre que había dejado en el suelo del pasillo, me sentó y sacó una pastilla blanca que yo reconocí como las pastillas de la migraña.
-Ten, te la tomas y te calmas- dijo mientras ponía un vaso de agua en la mesa.
-¿Ergotamina?- pregunté enarcando una ceja.
-Si, ¿Por?- respondió
-Me dan eso para la migraña y va a hacer todo menos calmarme- contesté.
-Bueno entonces ten- dijo quitando la pastilla blanca y cambiándola por una amarilla.
-¿Vitaminas?- pregunté con la misma cara.
-Si- respondió cortante
-Me dieron un montón de esas para la hepatitis- le dije
-Bueno toma- respondió malhumorada y me dio una pastilla azul.
-¿Viagra? – Pregunté con el mismo tono aburrido y fastidioso- No tengo en que ocuparla- me burlé
-¡No!- gritó de pronto- No te voy a dar nada, simplemente vete- replicó enojada
-Bueno- le respondí sonriente- Adiós- le dije y salí de ahí para encontrarme con un preocupado Rocha.

¿Creen que soy rara?

Bueno me causa gracia recordar la cara de desesperada de esa enfermera, eso no es malo.

¿O sí?
 

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