- Segundo semestre de CBTis y ya tenía un reemplazo para el que hasta tercero de secundaria fuera mi mejor amigo.
Nuestra relación se había deteriorado así que no dude en dejarme acurrucar entre los lazos de amistad que… Luis (hablé de él con anterioridad), me ofrecía.
Él es mi mejor amigo (hombre), mi mejor amiga (mujer) es y seguirá siendo Yazmín.
Acostumbrábamos irnos caminando desde el CBTis 46 hasta su casa y después yo me iba a mi casa, que estaba muy cerca de ahí.
En una de esas ocasiones en que platicábamos y nos contábamos cosas que definitivamente no le contaríamos a nadie más, ustedes saben, cosas de amigos, me pidió que fuéramos a jugar videojuegos a su casa.
A él y a mi nos gustan casi las mismas cosas y resulta divertido que en realidad sí que nos gusten las mismas cosas, bueno chiste local.
Salíamos regularmente a las 12:30 p.m. y tardábamos una hora en llegar hasta su casa, así que a la 1:30 p.m. estábamos entrando a su casa. Era la primera vez que entraba, casi todo el tiempo nos limitábamos a sentarnos en la banqueta fuera de su casa y platicar ahí o si no en un pequeño parque que estaba a un par de cuadras, era ésa mi primera excursión en su amplio hogar.
Mi blusa traicionera siempre se abría cuando me sentaba, los primeros dos botones estaba pequeños para el ojal que las albergaba y yo verdaderamente no tenía tiempo para cambiarlos.
-Pásale- me dijo y abrió caballerosamente la puerta, siempre ha sido muy amable-Botón- me dijo simplemente y supe que mi blusa estaba abierta, con él no me incomodaba en lo más mínimo así que simplemente la abroché.
Estaba un señor ahí, trabajando en una barra, pasamos y subimos las escaleras, el cuarto a la izquierda era su refugio.
-Ya quiero que termine- me dijo refiriéndose al señor de la barra que en realidad resultó ser una cantina.
Jugamos un rato, ya cuando iban a ser las 3:00 escuchamos un ruido abajo y decidimos que era tiempo de que me fuera a mi casa. Mi madre es de las que se preocupan si llego diez minutos tarde y pues ya llevaba casi una hora de retraso.
Un murmullo nos llegó desde que íbamos bajando el primer escalón.
Él bajó enfrente de mí para ver quien era y yo le seguía de cerca.
Cuando llegamos al final de la escalera pude ver a dos mujeres adultas sentadas en la sala y a una muchacha que me parecía realmente familiar que servía agua, una niña de unos diez años estaba sentada con ellas y platicaban animadamente.
-¿Mamá?- dijo Luis en un tono extraño, como si se hubiera sorprendido y molestado al mismo tiempo.
-Hijo, tu tía dice que vamos a ir a com…- no terminó de hablar cuando advirtió mi presencia.
Me miró recelosamente y después a Luis alternativamente, la otra chica que estaba parada nos miró y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no atragantarse al tomar agua, corrió a la cocina y escupió el agua tosiendo de vez en cuando.
No sabía muy bien porque las mayores me miraban de forma expectante, esperando la respuesta a una pregunta no formulada.
Luis volteó y buscó lo que tanto miraban sus familiares. Lo vi pasar del blanco al rojo y del rojo a un morado nauseabundo.
-Botón- masculló entre dientes y se acercó a mí.
Ya entendía las miradas acusatorias de las personas que en la sala miraban como desesperadamente me intentaba abotonar la blusa.
Su madre nos había visto bajar del cuarto de su pequeño retoño cautelosamente y yo bajaba ni más ni menos que con la blusa desabotonada, para colmo había elegido ese día para no peinarme correctamente y llevaba mi cabello alborotado.
Bueno, muy probablemente tendría una muy mala imagen frente a su madre.
-Mamá, ella es Patricia- me presentó.
-Buenas tardes señora- fue lo único que pude decir.
-Buenas tardes, Patricia- me dijo secamente
-Estábamos jugando- dijo Luis, mala elección de palabras.
-Si se nota- murmuró la muchacha que resultó ser la hermana de Luis.
-¿Ya terminaron de jugar?- preguntó mordaz su madre.
-Si, ya me iba- me despedí- Un gusto, con permiso- farfullé mientras me dirigía a la salida.
Caminé pesadamente hasta la puerta principal y me despedí de Luis, totalmente roja, él no se quedaba atrás en su gama de colores.
-Vaya presentación- me dijo en voz baja cuando ya estaba por irme.
-Vaya presentación- afirmé.
Llegué aún nerviosa a mi casa, al día siguiente me contó Luis que su mamá lo había atacado con miles de preguntas.
Afortunadamente la situación se aclaró, terminé por llevarme de lo mejor con su madre. Su mamá no creyó nunca más, después de las aclaraciones, que hubiera nada entre Luis y yo. Somos amigos, y espero que así siga siendo.
Desde acá le mando un beso enorme a GLuis, espero que recuerde que sigo siendo su amiga aunque la distancia sea mayor año con año.
Cuiden mucho los botones de su blusa y por favor que la pereza no las detenga cuando un botón quede chico en el ojal, después las consecuencias pueden ser honorablemente malas.
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martes, agosto 19, 2008
Presentación
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