
Saben, en la secundaria estaba yo con un niño que se llamaba…pongámosle Emilio, lo conocí y se convirtió en mi amigo.
De hecho podría asegurar que muy buenos amigos.
Yo me acompañaba de mi mejor amiga Yazmín y de vez en cuando el se colaba y nos acompañaba.
Se convirtió en alguien importante para ambas.
Pero la gente, víbora y venenosa, comenzó a decir que él me gustaba, después de negarlo y pelearme con ellos como unos seis meses, comencé a mirar a Emilio y preguntarme porque se decía eso.
Descubrí que no tenía esa actitud de adolescente empedernido que tenían todos y lamentablemente comencé a creer que me gustaba, después vino mi operación y como yo me ausenté como dos meses, él comenzó a irse con otras chavas, para cuando me recuperé y volví a la escuela, me di cuenta que ya no tenía amigo y que lamentablemente, eso me dolía.
Me había enamorado de Emilio.
Todo mundo se enteró por una hoja que se me calló en donde estaba su nombre y el mío en un corazón (estupideces de secundarista)
Y yo me enteré que él en un lapso de tiempo también había tenido un gusto mayor que de amigos hacia mi, eso había sido antes de volverse tan popular.
Me puse histérica y prometí no volverme a enamorar, pero la vida, desgraciada, me puso una trampa.
Salimos de la secundaria y no nos hablábamos bien, nuestra amistad se la había tragado un perro callejero, pero resulta que entramos en el mismo CBTis y que estábamos en el mismo grupo.
Me afectó pero no me dejé caer, ni siquiera cuando él se salió porque iría a vivir a otra ciudad.
Creí que ahí había terminado todo pero no, en el mismo salón yo tenía un amigo llamado…Edgar, sus nombres empiezan con la misma letra.
Yo lo consideraba un buen amigo y compañero, hasta que me contó que era muy amigo de Emilio y que él le había enseñado a tocar la guitarra, entró a la rondalla y llevó su guitarra varias veces al salón, y sin darme cuenta comencé a ver a Emilio en Edgar, lo veía por el hecho de que era una copia de él, su forma de ser, su forma de tocar (la guitarra), por que aunque a veces no lo crean Emilio era en la secundaria igual de serio que Edgar, serio pero divertido, por eso, me empecé a confundir, el peor problema era que una amiga estaba completamente enamorada de Edgar, imagínense como me sentí, una cucaracha, una miseria, una desgraciada, culpable.
Desde ese “incidente” no me he vuelto a interesar en otra persona tanto como lo hice con esos dos monos.
Está de más aclarar que al primero ya lo olvidé, aunque lo extraño mucho y al segundo lo arraigué en lo más recóndito, pero la superación ya al puedo tocar con las yemas de mis dedos.
Por el momento me gusta otra persona, creo que eso está ayudando, lastima que ya son mis últimos días en el grupo y que la oportunidad terminó.
Lo mío no es el amor, definitivamente lo mío, lo mío, es la escritura.