Sabores
miércoles, noviembre 25, 2009
सिं सेंतिदो...
Necesito muchas cosas que se bien que no tendré, porque la vida me ha demostrado que no da nada, por lo menos a mí aunque lo merezca.
Porque he soportado lo suficiente como para que de pronto vengan a decirme que no ha sido suficiente, que aunque he sufrido más que los demás simplemente necesitaban divertirse más conmigo todos los demonios que se ocultan tras el velo.
Sé que a comparación de todos los problemas que el mundo puede tener, el mío es una nimiedad que no representa nada, pero también sé que esto se ha convertido en mi vida y que si alguien me dice que lo hago mal intento suicidarme con el aliento que dedican hacia mí. Porque sé que lo hice bien, porque sé que es por la simple razón de joderme la existencia que lo hacen. Porque sé bien que caerle mal a alguien puede joderte la vida.
Hoy estoy enojada con Dios porque he intentado de todos los modos posibles satisfacer al mundo sin importarme lo incómodo que puede ser para mí, pero lo hago porque si la gente no satisface a los demás esta jodido. Hoy no quiero saber nada de religión porque ninguna me explica por qué esta pasando esto y a pesar de querer vomitar en todas las figuras representativas a algún santo, sé que voy a terminar refugiada en una iglesia llorando y reclamando mi situación, sé que lo haré por eso dejo de pisotear el teclado y me tiro por ahí a llorar un poco para que cuando llegue a una iglesia no pueda inundarla. Me voy a suicidarme con un pan tostado o mejor aún, con una linda hoja de lechuga sin desinfectar.
lunes, noviembre 23, 2009
Déjame contarte

Déjame contarte
Que me susurran cosas al oído, que me dicen que te odio, que me dicen que ya no me deje influenciar por ti.
Déjame contarte
Que hoy al despertar sentí que mis ojos picaban por las lágrimas secas de la noche anterior
Déjame contarte
Que no pude controlarme y grité a los cuatro vientos que hasta aquí llegué, que dejo el camino hasta aquí, que hasta aquí llegamos, los dos.
Déjame contarte
Que no soporto tenerte cerca, pero me muero si no estás aquí y por lo mismo no quiero que sigamos.
Déjame contarte
Que ya llegué al límite y que hoy te digo que no, te digo basta.
Déjame contarte
Que te amo, pero que a partir de hoy, intentaré odiarte por todos los medios posibles.
Déjame contarte, sólo déjame contarte…
sábado, noviembre 14, 2009
martes, noviembre 10, 2009
¡Tom!





Ésto es simplemente algo de lo que se pueden encontrar en la red. Y yo, claro que quise colgarlo por acá para nutrir mi espacio en la red.
sábado, noviembre 07, 2009
Volver a ser Patodizath

El tiempo pasó y no puedo entender porqué no me di cuenta antes, no era para mí.
El quedó simplemente en la otra escuela, es “El chico de la otra escuela” y punto.
Tengo muy buenos amigos ahí, CMZR, EMJS, IYDZ, AIRB, pero él, simplemente no quiere aceptar que yo me fui y puso una barrera que no puedo vencer.
Simplemente decidió que yo ya no iba a estar en su vida y se escudó en una relación destructiva que sé bien que no lo llevará por muy buen camino, y sé también que lo hace para no aceptar que comenzó a sentir algo por mí y, lo más importante, que “eso” le daba miedo.
Le tuvo miedo a enamorarse de mí y ahora los dos nos quedamos solos.
Éste es un escrito un poco extraño, es un escrito hecho exactamente a las 11:51 del 7 de noviembre y no sé si tenga algo de sentido. No he dormido bien las últimas tres semanas y probablemente esté diciendo incoherencias.
Por el momento me estoy reclamando y reprochando a 108 decibeles haber dejado ir a una persona especial y al mismo tiempo me agradezco no haberme enamorado tanto, (sí me enamoré un poquito) y grito desesperada por que esto se pase pronto porque mi mente está revuelta a tal nivel que me estoy confundiendo con una persona de la nueva escuela y yo simplemente:
NO QUIERO CONFUNDIRME OTRA VEZ O ENAMORARME (NI UN POQUITO) POR EL MOMENTO
NO QUIERO CONFUNDIRME OTRA VEZ O ENAMORARME (NI UN POQUITO) POR EL MOMENTO
NO QUIERO CONFUNDIRME OTRA VEZ O ENAMORARME (NI UN POQUITO) POR EL MOMENTO
NO QUIERO CONFUNDIRME OTRA VEZ O ENAMORARME (NI UN POQUITO) POR EL MOMENTO
NO QUIERO CONFUNDIRME OTRA VEZ O ENAMORARME (NI UN POQUITO) POR EL MOMENTO
NO QUIERO CONFUNDIRME OTRA VEZ O ENAMORARME (NI UN POQUITO) POR EL MOMENTO
NO QUIERO CONFUNDIRME OTRA VEZ O ENAMORARME (NI UN POQUITO) POR EL MOMENTO
NO QUIERO CONFUNDIRME OTRA VEZ O ENAMORARME (NI UN POQUITO) POR EL MOMENTO
NO QUIERO CONFUNDIRME OTRA VEZ O ENAMORARME (NI UN POQUITO) POR EL MOMENTO
Es por eso que ahora con 11: 59 minutos corriendo del día siete de noviembre intento jurar no enamorarme en lo que resta del año, pero todo se queda en un intento al recordar esas palabras que nadie me decía desde “El chico de la otra escuela”.
Hoy solamente quiero correr y no decirle a nadie a dónde voy, hoy simplemente quiero ser egoísta y pensar en mí por primera vez en tres semanas.
Hoy quiero ser Patodizath de nuevo
miércoles, octubre 28, 2009
viernes, julio 24, 2009
Carretes en el andén 22

-Lo sentimos pero ya no hay boletos para el día de hoy, sólo puedo hacer el intento de conseguir un boleto para usted el día de mañana-
Con el ceño arrugado y un sinnúmero de pataletas acepté un boleto para el día siguiente (sábado 4) a las nueve cuarenta de la mañana.
Por fin estaría en valles, después de varios meses de no pararme por ahí ni una sola vez.
La mañana llegó y lo primero que hice fue bajar mis maletas al piso de abajo y comenzar con las despedidas.
“Hasta pronto abuelita”
“Te cuidas mucho”
“No te bajes en los puntos intermedios”
Guardé en mi bolsillo las recomendaciones de aquella noble mujer y me encaminé a la central camionera.
Justo a las nueve cinco llegué a formarme en la fila de gente que serpenteaba insinuante y comencé a golpear mi pie en la baldosa en muestra de mi impaciencia.
Cuando por fin estuve frente al hombre de facciones treintañeras pregunté por mi boleto y fue entonces que sus palabras me mandaron a la lona.
“Lo siento, pero es que vendimos su boleto de urgencia”
Fue como si alguien hubiera ordenado a mi cerebro enviar todas las palabras malsonantes que existían y frases despectivas acerca del servicio que brindaban.
“Podemos darle un boleto de las cuatro de la tarde en compensación”
Estuve a punto de aventarme hacia la barra que hacía de ventanilla y estrangular al hombre.
Eso era un insulto a mi persona.
Decidí por el bien de mi hígado retirarme y buscar una línea de autobuses que tuviera una salida antes que la que me ofrecían, y la encontré.
“La siguiente salida a valles es a las once de la mañana, y hay asientos libres”
Mi día se iluminó, no me importó tener que esperar dos horas ahí, con tal de ir a mi casa ése mismo día.
Salí al andén número 22 y me senté a esperar, dos horas me separaban de estar en camino y las gastaría como fuera posible.
Los primeros veinte minutos fueron exasperantes, mientras veía cómo el autobús de las nueve cuarenta de la traicionera línea de camiones vecina salía repleto de gente, me carcomía el coraje de imaginarme subiendo en el lugar de alguna de esas personas.
Vi llegar autobuses y autobuses, los vi irse y emprender el camino, por lo que la primera hora pasó sin más.
Fue entonces que algo sucedió, llegó un camión de la línea que esperaba con un montón de encargos y paquetería.
Los ayudantes comenzaron a bajar todo lo que debían y cuando terminaron subieron al camión y se fueron de nuevo.
El aburrimiento me estaba consumiendo por lo que la curiosidad me llamó a pararme.
Me acerqué al montón de cosas en el suelo y varios objetos en forma de carrete llamaron mi atención.
Me acerqué un poco más y pude ver lo que mi curiosidad clamaba.
Había un grupo de carretes blancos con un sello de seguridad que decían: MMCINEMAS y otro grupo de carretes azules en el que se podía leer: CINEPOLIS
Me acerqué con el corazón en la garganta y sentí que mis piernas me temblaban.
“Half Blood Prince Sub”
“Half Blood Prince Dob”
Los carretes del medio estaban sellados con unas cintas negras y en ambos grupos se podía ver tal grado de seguridad.
Los dos grupos de películas estaban nutridos con esas dos entregas, estaba frente a mí lo que había estado esperando por dos años.
De mi boca comenzaron a salir palabras sin sentido, grititos alarmantes y balbuceos incoherentes. Las personas a mí alrededor veían lo que hacía e intentaban saber el porqué de mi pequeño lapsus-brutus.
El aire que a duras penas entraba en mis pulmones quemaba mi garganta y lo único que hacía era desfavorecer mi actividad respiratoria.
Cuando por fin lo nervios estaban en un grado que podía controlar comencé a tener visiones en las que yo era la protagonista y corría desde el andén 22 hasta mi casa, contactaba a la gente que podía y veía esa película triunfante.
Algunos otros incluían tintes piro maniacos en los que me deshacía de todo el que se oponía a que entrara en alguno de los cines y cerrara la sala sólo para mí.
Un mar de ensoñaciones se me vinieron encima y lo único que lograron fue que mi boca se abriera dejando escapar canturreos y palabras nerviosas.
Me senté frente a los carretes y los observé embelesada.
Si realmente tuviera la oportunidad de tener las cintas para mí, no me las quedaría sola. Después de verla invitaría a mucha gente a disfrutarla conmigo por lo que aquellos pensamientos que incluían robos y bomberos quedaron relegados a un segundo plano.
Comencé a recapacitar y pensé que no sólo yo era fanática de Harry Potter, por lo que decidí dejar en paz los carretes y subir al autobús, (que no supe a qué hora había llegado) y emprender mi camino a Valles.
Dejé la película ahí, esperando por ser reproducida para una horda de fanáticas que no se imaginan que estuvieron a punto de quedarse sin verla.
martes, junio 30, 2009
Amanecer, Apogeo y Ocaso de una Amistad...
Nunca había dudado de lo que sentía por él.
Definitivamente nunca lo había hecho, sin embargo ahora, ahí postrada en el pequeño escalón de la escuela, las dudas la carcomían de una manera brutal.
Había comenzado una plática un tanto amena cuando él había llegado, sin esperar siquiera que él respondiera a su invitación.
Él siempre definía el comienzo de su amistad como una intrusión de parte de aquella muchacha de cabellos alborotados y ojos risueños.
Ella ni siquiera le había pedido permiso para ser su amiga, ella ni siquiera se había detenido a pensar que tal vez ése día él quería estar sólo. No había reparado en que deseaba la soledad con todo su ser aquél día. Quería estar sólo y sin embargo ella se propuso acompañarlo.
Había comenzado todo de una forma repentina, sin esperarlo, sin desearlo, pero a pesar de todo, había llegado en el momento más oportuno.
Estaba en el punto de ruptura con su novia, estaba a punto de terminar con ella y necesitaba alguien que lo apoyara. Siempre esperó un amigo, un mejor amigo que lo comprendiera y le diera consejos sobre las mujeres. Pero la encontró a ella, que lo ayudó a resolver sus dudas, que lo ayudó a decidirse. Ella representó desde el principio una decisión.
Desde los primeros días en que lo acompañaba comenzaba a sentir lo corto que se hacía el camino de regreso a casa. Incluso intentaba caminar más despacio para que el tiempo corriera. Buscaba de todas las maneras posibles que su compañía perdurara, pero no se podía y tenían que dejar la conversación pendiente.
Cuando ella le había preguntado a donde se dirigía y él le había contestado ubicando el lugar como un lugar verdaderamente próximo a su destino se sorprendió de lo cercano que estaban éstos.
Desde el primer día había notado que él estaba casi siempre, con el ceño arrugado, esperando alguna de sus ocurrencias para poder reír. Y lo había logrado, para los dos.
Una sonrisa era lo que más deseaban y la encontraron en ambos.
Ella le contaba cosas que a nadie le contaba, él le contaba cosas que jamás diría en público y eso ameritaba la confianza mutua.
Pasó el tiempo y cada vez su relación se hacía más fuerte, era una relación sin malas intenciones, ella lo quería como amigo, como un muy buen amigo y él la apreciaba, como nunca pensó apreciar a una mujer.
Las expectativas que él tenía en una mujer no bajaban de las medidas perfectas, del poco cerebro y de la casi nula percepción del mundo exterior. Las expectativas que ella tenía sobre un hombre vagaban entre los ermitaños y los inadaptados come-libros.
Estaban rompiendo con las expectativas que ambos tenían.
Caminaban diariamente hasta sus destinos, algo inalcanzable que se volvía cercano cuando estaban juntos.
Y fue entonces cuando comenzó el desastre, las dudas y el dolor.
Ella le ayudó en algunas travesuras, lo apoyó para lanzarse al vacío de una relación en pareja mal fundamentada llena de inseguridades pero aferrado a la verdad.
Si él sonreía ella lo hacía también, si él estaba triste ella también. Si ella estaba feliz él se alegraba, si ella estaba triste, él se limitaba a decir que no pasaba nada y a negar un consuelo que ella buscaba a tientas.
Peleas, rompimientos, confusiones, culpa, todo un mar de sentimientos que hacían que la presión aumentara.
Comenzaron a dejar de hablar, simplemente hablaban lo justo y cuando ella lo intentaba él estaba muy ocupado buscando lo que sus expectativas buscaban.
Se olvidó de que tenía decisiones y que la mayor parte de ellas estaba vinculadas a su amga.
Cuando otra ruptura se vino encima ella estuvo dispuesta a ser un paño de lágrimas con tal de que el daño fuera compartido y no sólo un trago para él.
Pero la frialdad comenzó a invadirlo, la ingenuidad estaba abandonándolo y la inocencia estaba escaseando garrafalmente.
Lo que antes había sido su punto de apoyo para salir del agua, era lo que ahora la hundía cada vez más.
Avanzaba sin avanzar, comía sin comer, ¡Hasta adelgazó en éste lapso!
Deseaba poder empezar de cero y rescatar la simpleza de las cosas que tanto le gustaban de aquella relación.
Ahora, si decía una palabra, él se molestaba, si exponía su opinión él gritaba, si pensaba algo diferente, él la reprimía.
Algo estaba cambiando y no podía saber lo que era.
Estaba parada en aquel escalón de la escuela esperando alguna señal de vida de aquella amistad que tanto valoraba, pero nunca llegó.
Una lágrima recorrió su mejilla y no pudo evitar que otras la siguieran. Porque era cierto que lo estaba perdiendo, era cierto que no podía lograr vivir sin él. Porque era parte fundamental en su vida, formaba parte ya de ella.
Era raro verla sin él, así como era raro verlo sin ella.
Pero no había más que hacer, porque no podía hacer nada, simplemente se limitaría a dejar las cosas correr como habían comenzado, porque todo había corrido como había querido.
Era tiempo de dejar volar todo libremente, dejar que las cosas siguieran su propio ritmo, sin presionarlos.
Balanceó su mochila y la dejó caer con un sonido sordo en la banqueta que la sostenía y observó cómo su amigo se alejaba de ella, sin decirle una palabra. Y lo vio correr lejos de ella en sus pensamientos.
Bien sabía que en determinado momento iba a suceder, pero jamás pensó que fuera a ser tan de pronto, sin esperar que el sabor de la amistad siquiera comenzara a distorsionarse un poco.
La amistad que había nacido entre ambos estaba desvaneciéndose de forma alarmante y ella no podía hacer nada más que continuar su camino, aunque su camino fuera lejos de él.
Lo miró pasar frente a su vida sin decir una sola palabra, lo miró y supo que la mitad de sus razones las había guardado en la mochila de él.
Esto va para CMZR, para que sepa que a mí sí me duele perderlo...
lunes, mayo 11, 2009
Calor Sofocante
Después de tres días de estar sentada esperando que la inspiración llegue, me relajo y comienzo a escribir.
Si voy a esperar, esperaré sentada.
A lo lejos oscila una palmera, que no sé porqué la sembraron ahí si el agua escasea.
El ventilador que tengo directo hacia mi está zumbando.
El calor es sofocante.
No importa si estás con cero movimiento, simplemente sudas.
Odio sudar.
No me gusta para nada.
Creo que si hay algo que me parece asqueroso, es el sudor.
Aunque es una seña de trabajo, de esfuerzo.
Pero por el momento es una simple semblanza de los cuarenta grados a los que hoy estamos.
En Cd. Valles amanecíamos a cuarenta, estábamos a cincuenta en el día y cuando por fin anochecía, volvíamos a estar a cuarenta.
Lindo calor apabullante.
No puedo ir siquiera por algún dulce a la tienda que está a tres casas de la mía porque regreso escurriendo.
Cuando me meto a bañar es peor. Más tarde en deshacerme del sudor que en volver a estar llena de él.
Mi único refugio es el más caluroso.
En éstos momentos es cuando de verdad deseo vivir en el polo norte o que por lo menos un viento de aquellos rumbos no invada.
Estoy desesperándome.
¡Si no llega la inspiración volveré a hablar del clima!
Volví a Perderme en una Nube
Volví a perderme en una nube, pensando y pensando.
¿Qué pensaba?
Buena pregunta.
No lo recuerdo.
Es difícil descifrar aquello cuando no ponía atención a mis pensamientos
Tal vez pensaba en lo que haría de comer.
O en lo que haría para sobrevivir en la escuela
O en mis papás a doscientos cincuenta kilómetros lejos de mí
O en mi hermana desempleada
O en mi hermano atosigado por la escuela
O en mi Cuco, acalorado en Valles
Muchas cosas, muchos quienes.
Me mecía en un sillón mientras pensaba en tanto.
El viento me golpeaba en la cara y yo deseaba que no terminara.
Después de divagar por mi mente regresé a éste mundo y me preocupé por lo poco que había avanzado en mis libros.
Las tareas, los trabajos, los encargos, los dibujos, los periódicos.
Si quería algo en qué pensar, ahí había una gran lista.
Pero lo eché todo a la bolsa de los pendientes y me recargué en el sillón de nuevo
¿A qué hora había dejado de mecerme?
Miré al cielo y lo hice de nuevo.
Volví a perderme en una nube, pensando y pensando.
Los Jinetes del Apocalipsis
Prendí la televisión.
El canal de las caricaturas estaba siendo bombardeado con reportes especiales.
Otro muerto en el país.
Cinco minutos después en los noticieros agregaban a una mujer a la lista de desaparecidos.
Encontraron a una quinceañera colgada de una de las vigas de su casa.
El sida invade el país
Muere un actor por sobredosis.
Demasiado para mí.
Apago el aparato y me dirijo al radio
Buena música por dos horas.
Pero el mediodía llega y es tiempo de las noticias.
Aquel político sufrió un atentado.
Amenaza de bomba en el congreso anual de la ONU
La influenza carcome nuestras vidas.
Corto de tajo aquella transmisión y me planto en el escritorio de la computadora.
La prendo y ni siquiera miro los encabezados en la parte derecha del monitor.
Prefiero perderme en la inmensidad de mis documentos.
Releer lo que he escrito
Corregir mis libros.
Hacer cualquier cosa para que no me ataquen los jinetes del apocalipsis:
La crisis
La Influenza
El calentamiento Global
A los que quien sabe qué se les puede unir más adelante.
Están esperando formar un ejército.
Pobre país que se discrimina ante el mundo.
Gente ignorante que no sabe lo que es la influenza.
Es en estos momentos cuando más necesitamos comprensión, es cuando a los países se les ocurre discriminarnos.
La llaman la influenza mexicana, sin saber que se originó en EUA
La llaman la influenza mortal, sin saber que tiene cura
La llaman la influenza de los puercos, sin saber que al consumir cerdo no se ponen en riesgo.
Es la simple ignorancia la que habla cuando nos discriminan.
Y es por eso, que se contagian.
Prefieren poner en cuarentena a los mexicanos sin darse cuenta de que tal vez los que se infectan no somos nosotros.
Que pongan en cuarentena a los suyos.
Nosotros nos pusimos una vacuna.
Los que no la tienen se preocupan por ellos y se cuidan.
No están infectados, no tienen el virus.
¿Pero qué le vamos a hacer?
Si no nos dejan hablar.
Si nos aíslan de los demás
Cuando se habla de desastres, ¿Cuál país es el que más apoya?
¿Quién manda soldados a ayudar?
¿Quién manda comida?
¿Quién manda expertos?
¿Quién?
México.
Es claro que no se puede contar con los países o con los extranjeros que se limitan a aprovechar mientras se pueda.
Los pocos sensatos que quedan no son escuchados en sus países.
Es tiempo de que México sea egoísta.
Es tiempo de que México, sólo piense en él.
Cuando las catástrofes ocurran, apoyaremos, como siempre.
Cuando los temblores se den, nosotros ayudaremos, como siempre.
Cuando la pena, la lástima, la conciencia, la ayuda sea requerida, ahí estaremos, como siempre.
Sólo para demostrar que no somos iguales.
Que en momentos difíciles, no damos la espalda.
¡Indignación!
Pobre de mí cuando el siguiente jinete del apocalipsis llegue.
Las ideas me volverán a bombardear y tendré que ser fuerte para no dejar que se salgan, como ahora.
Me voy, tengo hambre.
Apago la computadora y salgo de aquí.
Sin ver los encabezados que muestran la discriminación hacia México, hoy, como ayer.
Me voy, sabiendo bien, que mis comentarios no son tomados en cuenta.
martes, abril 21, 2009
Sueños de Altamar
Las paredes de los camarotes de aquel fantástico e inimaginable barco estaban húmedas, demasiado.
Al caminar por los pasillos se podía sentir la brisa del mar en la piel. El sarro era palpable en cada ventanilla circular, en cada silla de madera, en cada red escondida.
Los jóvenes que caminaban por los pasillos ni siquiera notaban el nauseabundo olor a pescado que emanaban los escalones que bajaban estrepitosamente para ir a nadar.
El barco tenía seis pisos, algo extraño para un barco rústico de madera.
Había escaleras tan anchas como una camioneta. El barco tenía una forma irregular para ser barco, pero aún con todo esto, no tenía dificultad para navegar.
Cuando caminabas hacia afuera del barco no tenías oportunidad de detenerte a mirar o subías a los camarotes o bajabas a nadar. No había algún escalón en el que pararse además de los de las escaleras, al pararse sólo un poco en el último delgado y carcomido escalón podías ver una serie de astas caídas.
Había una “red” hecha con madera en la que algunos jóvenes se sentaban mientras metían los pies en el agua azul, brillante e incitante.
Corina salto de inmediato al agua y comenzó a nadar hacia su mejor amigo, Marcos, que la esperaba sentado en uno de los palos que estaban formando aquella red que estaba sostenida sólo por unas cuerdas de aquel barco cuadrado que no tenía esos picos que caracterizaban a los barcos.
-¡Vamos a nadar Corina!- dijo el muchacho moreno que con aquellos hoyuelos la esperaba impaciente.
-¡Espérame!- dijo la muchacha que apenas y podía nadar, el cansancio estaba a punto de vencerla cuando llegó hasta el trozo de madera y se agarró fuertemente mientras miraba reprochando la poca ayuda de su mejor amigo.
-¡Quiero ir a nadar!- volvió a apremiar.
-¡Pues ve, yo me voy por los postes!-
-¿En serio?- preguntó pidiendo permiso con la mirada.
-Anda ve, porque yo me voy a tardar mucho y yo ni quiero nadar, córrele porque ya está anocheciendo-
El muchacho sonrió y saltó al agua e inmediatamente comenzó a nadar.
Corina lo observó mientras se sentada dificultosamente el aquel poste, Marcos era su mejor amigo desde que lo había conocido, pero en ese momento estaba mirándolo y lo último que veía en él era un amigo.
Un rato después de nadar Marcos decidió ir a cenar.
Corina había salido del agua desde hacía ya mucho rato, la había vigilado muy bien porque sabía que la natación no era el fuerte de su mejor amiga.
Comenzó a nadar de regreso a los postes pensando qué cenarían, la cocina del barco era muy pequeña y seguramente tendría que hacer fila para prepararse algún sándwich.
Entró al piso en el que estaban los camarotes que compartía con el resto de los hombres, no conocía muy bien a todos, pero sabía que todos y cada uno de ellos eran amigos entrañables de Corina, habían ido a festejar algo, pero no sabía muy bien qué.
Se dio una ducha con agua sin sal que no sabía de dónde salía y se cambió.
Unos pantalones de mezclilla y una playera color guinda componían su vestimenta. Comenzó a buscar a Corina por todas partes hasta el punto de desesperarse al no encontrarla.
Corina apenas y había estado unos quince minutos en el agua, estaba segura de que si intentaba llegar hasta donde estaba Marcos se ahogaría por lo que mejor decidió ir a la cocina y preparar la cena para todos. No sabía muy bien por qué los había invitado ni lo que festejaban pero el punto era que todos los presentes en el barco eran sus mejores amigos de siempre, desde Carolina en el kínder hasta Marcos en el tecnológico.
Cuando se cambió optó por ponerse aquel vestido blanco que nunca se había puesto, no sabía muy bien la razón, simplemente le había nacido ponérselo.
Preparó espagueti y albóndigas de carne. El brócoli estaba a punto de cocerse junto con la coliflor así que se sentó a esperar mientras veía por la ventana el mar azul que rodeaba aquel barco. No se veía ni un atisbo de tierra, ni una isla, ningún puerto, estaban en medio de la nada. Las provisiones que tenían bastaban para un año en el barco tomando en cuenta la multitud que se alojaba en el interior de la nave.
En el primer piso estaba el cuarto de máquinas, en el segundo estaba la bodega en la cual se guardaba toda la comida y en la que había un gran refrigerador. En el tercer piso estaba una gran máquina que procesaba el agua para hacerla potable, ese piso estaba dividido en dos, en la mitad estaba tal máquina y en la otra mitad estaba una pequeña enfermería. En el cuarto piso había un gran comedor, la cocina y una sala de entretenimiento. En el quinto piso estaban los camarotes de los hombres. En el sexto piso estaba el cuarto de las mujeres en el que estaban los camarotes en los que dormían. En el techo de aquel barco cuadrado estaba el lugar al que todos podían salir a asolearse, a caminar, a hacer lo que quisieran si querían estar afuera sin tener que estar en el mar.
Corina continuó pensando en el enorme tamaño del barco aquél hasta que la voz de Marcos la sorprendió a sus espaldas.
-¡Te he estado buscando por todas partes!- gritó mientras se detenía en la puerta poniendo una mano en el marco de la puerta y otra en el pecho agitado. Su aliento se contuvo al mirar lo hermosa que se veía su amiga sentada en aquélla barra con aquél vestido y con aquellos rayos de sol iluminándola.
-He estado aquí desde hace mucho rato- le respondió extrañada de verlo tan preocupado.
-¡Deberías dejarme una nota diciendo dónde estás!- le reprochó.
-¿Por qué?-
-¡Pues simplemente porque yo estaba imaginando lo peor, pensé que te habías caído al agua o que te habías perdido en el barco o algo por el estilo!- volvió a gruñir.
-Ya me hallaste, cálmate- le pidió Corina mientras le ponía una mano en el hombro, inmediatamente sintió cómo se relajaba el muchacho.
-Vamos a avisar que la cena está lista, acompáñame- suplicó la chica.
-¿Tú la preparaste toda?- preguntó sorprendido.
-Si- dijo sonriente y comenzó a caminar seguida de Marcos.
Cuando todos estuvieron avisados acudieron a la cocina para que Marcos y Corina les sirvieran.
La cena transcurrió entre risas, bromas, cantos, carcajadas y gritos. La diversión era algo que caracterizaba a todos los amigos de Corina, era como un requisito.
Cuando todos terminaron comenzaron a pasar a la cocina para lavar el plato y el vaso utilizado. Corina estaba sorprendida por que sus amigos lo hicieran pero agradecía a dios que así fuera.
Todos estaban dispersándose entre el techo, la sala de entretenimiento y los camarotes.
Corina comenzó a caminar hacia su camarote, no sabía por qué estaba nerviosa pero comenzó a caminar de prisa.
Cuando vio a Marcos en el pasillo se acercó a él y sin saber bien lo que hacía lo besó. Algo la había poseído, algo estaba haciendo que actuara de tal forma. El brócoli debía estar en mal estado o la carne o algo, porque no sabía a ciencia cierta porqué estaba besando a su mejor amigo.
Lo único que sabía y que le causaba gran remordimiento era que los labios de Marcos sabían muy bien.
Se separó de él y con un rasgo de idiotez en la cara le sonrió y sin esperar respuesta corrió hacia las escaleras.
No esperó siquiera a ver la sonrisa que Marcos tenía, el brillo que había nacido en sus ojos y aquel imperceptible rubor que inundaba sus mejillas morenas.
Marcos comenzó a buscarla después de un rato, llevaba algo en las manos, algo para Corina.
Corina corría por las escaleras hasta que se topó con la máquina que potabilizaba el agua y esperó. El sentido había regresado a su cabeza unos segundos después de aquel incidente. No quería llamarlo beso porque si lo decía asumía que lo había hecho y comenzaba a recordar el sabor de los labios de aquel chico que era su mejor ¿amigo?
Regresó después de unos momentos de pensar hasta unos de los camarotes vacíos a un lado de los dormitorios, estaba lleno de sus amigos, específicamente los del tecnológico. Se sentó en un gran tubo blanco y respiró profundo.
Estaba comenzando a calmarse cuando por la puerta entró Marcos, sonriente y con un gran ramo de rosas en la mano, las rosas eran amarillas.
¿De dónde las habría sacado?, ¿Porqué no estaba furioso?, ¿Qué pretendía al acercarse?
Las sonrisas de sus compañeros comenzaron a aparecer y se tuvo que poner de pie para sacudir pensamientos soñadores de su cabeza.
-Ya se le pegó algo tuyo- le dijo en voz baja uno de sus amigos aludiendo el romanticismo que ella emanaba por los poros siempre, por una nube, por una flor, por todo.
Marcos se acercó a ella riendo del comentario de aquel compañero suyo y entregó las rosas a Corina.
Se miraron fijamente y ésta vez los dos estuvieron conscientes de lo que pasaba. Se acercaron con la lentitud de aquel que se acerca a la silla eléctrica y sin mediar palabras se fundieron en un beso.
Un beso que a los dos les sabía muy bien.
Las rosas quedaron olvidadas de pronto y los compañeros comenzaron a salir del camarote. Estaban solos frente a algo inesperado. Con unas rosas que no sabía de dónde las había sacado y con una expectación incontrolable.
Estaban enamorados.
____________
Éste es un sueño que tuve hace unos días espero que les guste porque la verdad no sabía muy bien cómo comenzar a escribir, yo, con el sueño y mi imaginación (a veces dislocada) le di forma a éste sueño de altamar.
viernes, abril 17, 2009
Ya Basta de Ti

El tiempo terminó, la chicharra ha estallado
Entiende que la prueba acabó y lamentablemente la reprobaste.
No puedo ser el paño de lágrimas de nadie, mucho menos de alguien que me lastimó por lo tanto, es mejor que te vayas.
Recoge tus lloriqueos y llévatelos lejos junto con todas tus mentiras.
Simplemente cansada de esperar a que reaccione un “hombre”
Me canse y digo adiós definitivamente. No ruegues más, esa oportunidad, nunca va a llegar.
viernes, marzo 27, 2009
Flores Blancas Capítulo 7

Una gota cayó en el papel.
Un leve gemido escapó de los labios de aquella damisela vestida tan tentadoramente.
Comenzó a sollozar y sus compañeras la miraron.
Se hizo un ovillo y comenzó a decir cosas que no tenían sentido para las demás.
Sus lágrimas corrieron el maquillaje que cubría su cara y su compostura quedó reducida a migajas.
De la orgullosa, seductora e incitante Caty, ya nada quedaba, Caty jamás volvió a sonreír de verdad, jamás volvió a ser la misma.
Su orgullo y el dinero que guardaba en su baúl la convencieron de escoger su jubilación de aquel trabajo carnal.
Compró el viejo piano de “El Ruiseñor”, puso una florería y contrató una encargada para no tener que ir diariamente a ése local.
Se refugió en su casa y pasó el resto de su vida ahí, enclaustrada, saliendo sólo a caminar, a checar la florería y de compras, regularmente de madrugada.
Pasaron los años y ahora estaba ahí, sentada en su sala, en aquel viejo sillón ocre que tanto le gustaba.
Se levantó lentamente y caminó por el pasillo seguida de Dandi. Entró en aquel cuarto oscuro en el que sólo habían cambiado las cortinas.
La ventana seguía dando a un jardín lleno de flores blancas. El piano negro, viejo, descarapelado y triste seguía ahí.
Caminó hasta el baúl y se sentó frente a él. Sacó de entre sus ropas una cadena de plata con un crucifijo, en ésa cadena también había una llave.
Abrió el baúl y levantó la tapa. Un chirrido estridente inundó la habitación. Dentro del baúl habían papeles, perfumes, vestidos negros, una caja de terciopelo rojo que jamás había abierto y una prenda negra. Alzó la prenda y la extendió ante sus ojos, era una sotana. Debajo de la sotana había una caja de zapatos color marrón.
Tomó la caja y la abrió con esas manos temblorosas surcadas por arrugas y manchas de la edad.
Dentro de la caja sólo había dos cosas, una fotografía y una carta.
Sus orbes verdes se volvieron a llenar de lágrimas, tomó la fotografía y se levantó.
Caminó de regreso hasta la sala y se dirigió hasta una repisa frente a ella.
Miró detenidamente la fotografía entre sus manos y la acomodó a lado de un retrato.
La fotografía tenía signos de haber sido arrugada pero aún así se detuvo en el marco de la otra fotografía.
Catalina, cuando joven era muy hermosa y aquel hombre de ojos negros a su lado hacía buen juego con ella.
La otra fotografía era diferente, aunque también en blanco y negro. En ella estaba Catalina con un pequeño niño de ojos negros en sus brazos.
Sonrió y acarició el cristal de aquel retrato.
-Hijo, éste es tu padre- susurró.
Se dio la vuelta y salió al jardín a cortar flores, flores blancas. Su hijo no tardaba en llegar, era muy puntual con aquél reloj de bolsillo y si la encontraba llorando se preocuparía.
Caminó entre las flores y tarareó una canción, una melodía triste, un réquiem para Caty.
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Ésta fué mi historia, la historia que tal vez es un poco fuertepero que a mí si me gustó.
Espero que a ustedes si les guste y que por favor me dejen algun comentario.
¡Dulces delirios de ésta ebria!
jueves, marzo 26, 2009
Flores Blancas Capitulo 6

Los ojos negros de Rubén turbados por el deseo, sus manos, su cuerpo, sus labios, por fin recordaba.
Se incorporó en la cama y buscó a Rubén en el cuarto, se quedó inmóvil un momento esperando escuchar algún ruido que le indicara que el muchacho seguía en su casa.
No sabía muy bien por qué, pero sentía una felicidad extraña que la hacía sentirse ligera.
Tarareó una canción a pesar de que eso aumentaba su dolor de cabeza y se dio un baño de burbujas esperando que la noche cayera.
Cuando eran las ocho salió de su casa y caminó contoneándose por las calles hasta el bar en el que trabajaba.
Se comenzó a arreglar y cuando las nueve y media se dieron salió a esperar a Rubén, tenía muchas ganas de platicar con él, de verlo y de comprobar que aquello no había sido un sueño.
Pero no había nadie vestido con un pantalón de mezclilla y camisa blanca esperándola en la barra. No había nadie. Y no volvió a haber nadie el resto de las noches que Caty trabajó en “El Ruiseñor”.
Una semana después de que Rubén dejara de ir llegó un mensajero hasta el prostíbulo y entregó un paquete para la más cara de las estelares de Damián.
Caty se sorprendió de aquello, no tenía familia, no tenía amigos que pudieran enviar aquello y se sorprendió aún más al ver el remitente de aquel paquete: Rubén.
El misterioso paquete era una caja de zapatos color marrón que estaba amarrada con un hilo blanco.
Dentro de la caja había varias cosas.
Una fotografía en blanco y negro en la que aparecían de fondo una plaza desolada y un amanecer inconcluso, con Rubén y Caty de protagonistas.
Un reloj de bolsillo con un crucifijo grabado en la solapa.
Un libro grande, de tapas de piel.
Una prenda negra que a Caty le pareció una capa.
Una cadena de plata de la que pendía un crucifijo enorme y una carta.
La carta decía algo como lo siguiente:
Catalina:
Antes que nada quiero agradecerte el amor que me brindaste hace algunas noches. El que me brindabas siempre a pesar del nulo contacto entre tú y yo. Me hiciste sentir el hombre más afortunado. También quiero pedirte una disculpa por no haberme despedido de ti en persona, pero era algo demasiado difícil.
La razón de mi ausencia es muy complicada de confesar.
Catalina, vivo junto a la sacristía de la iglesia, me alimento en la cocina de la misma y regularmente uso la sotana que está en la caja en la que envío la carta, Catalina, soy seminarista.
Hace cuatro meses, cuando te encontré en la esquina de la iglesia, le comenté al sacerdote nuestro encuentro. Y me encomendó una tarea que yo creí, iba a poder cumplir.
Me dijo que te convenciera de salirte de ése mundo en el que te desenvuelves, en el que vives, en el que te vendes.
Pero sin pensarlo me fui perdiendo en ti.
Catalina, esto es muy difícil para mí. Por lo mismo he decidido alejarme, jamás pensé que mi encuentro con Dios sería tan pronto, pero creo que es lo mejor.
Yo no puedo cargar en mis hombros el pecado de hacerte mía, aunque sea un dulce pecado innegable.
Catalina, lo que está en la caja es lo único que a mí me interesa, es lo único que tengo y es lo único lo que soy.
Espero que entiendas mi retirada de ésta vida y espero que sigas la tuya, porque yo prefiero terminar con la mía.
Para cuando leas ésta carta seguramente estaré ya en el panteón, espero tu visita.
Muchas gracias Catalina, por enseñarme a amar.
Hasta la muerte tuyo, Rubén.
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Continuara...











