
Me dolió demasiado.
Por eso cuando me pidió una segunda oportunidad no se la di.
Por él estaba dispuesta a ir en contra de todos, estaba dispuesta a ir al fin del mundo por él, estaba dispuesta a todo por él.
Pero no supo valorarme.
Y sé que puede sonar un poco extraño, egocéntrico y engreído, pero siento que yo merecía algo más que las sobras de un amor malhecho.
Mientras hablaba me sentía incomoda.
Lo veía de reojo mientras sus labios se movían poniendo explicaciones en el aire que llegaban a mis oídos con algunos motes de tristeza.
“Fui un estúpido” repitió varias veces.
Ya lo sabía.
Me había conformado con seguir mi vida, sin pensar siquiera en volver a caer en su juego, pero él no creía lo mismo.
Tal vez debía decírselo más claramente.
Me incomodaba demasiado el tener que rechazarlo pero era aún más incómodo y doloroso alimentar esa esperanza que yo no le iba a dar.
Había decidido decir que no incluso antes de que lo pidiera.
Era algo así como una condición para vivir.
Si me lo hubiera pedido dos semanas atrás, hubiera aceptado sin pensarlo, pero el dolor había hecho que la herida se hiciera muy honda.
Y esa herida estaba a puno de sanar así que preferí alejarme para no lastimarnos de nuevo.
“Sé bien que yo fui el culpable” dijo repetidamente.
Lo sabía, claro que él tenía la culpa.
Pero también yo la tuve, por no haber luchado por salvar lo nuestro y por quedarme callada ante las cosas que sucedían.
Desde detrás del teclado envío un gran abrazo a ése hombre que removió tantas cosas en mí.
Espero que entienda que lo hago por el bien de los dos.
No quisiera saber que está sufriendo por mí.
Ni quisiera enterarme de que lloró más.
Me sentía pésimo cuando lo dejé en la entrada de la universidad, pero era lo mejor para él. Para mí. Para ambos.
Lo vi llorar y temblé, casi me derrumbo y lo beso.
Por poco y desisto de mi barrera anti-dolor y lo abrazo sin importarme nada. Estuve muy cerca de echar todo a la basura y tomar su cara húmeda de lágrimas y besarlo, como sólo a él he besado. Acariciar su mentón que tanto amé, que tanto amo.
“Perdóname” le dije mientras lo abrazaba.
“Perdóname tú” me respondió.
“Yo no estaba dispuesta a entrar en éste juego”
“Yo no estaba dispuesta a que me lastimaras y eso hiciste”
“Yo no…”
Me di la vuelta y salí casi corriendo de ahí.
Era trece de febrero, estoy segura de que pasó un San Valentín muy amargo, muy triste.
Pero no fue el único, al menos en eso somos iguales. Compañeros de dolor.
Lo dejé ahí, llorando porque le había negado una segunda oportunidad.
Lo dejé ahí antes de que no pudiera resistir.
Lo dejé y una parte de mi vida se quedó con él.


