
Él, el primero que hizo que mi estómago se estrujara…
Él, el primero que me hizo sentirme en una burbuja.
El primero que veía con ojos de doncella en la torre, añorándolo.
Cuando se acercaba, aspiraba con fuerza, para comerme a pulso su aroma
Un aroma de madera, jardín y cítricos que para mí era inconfundible. Demasiado conocido.
Un ritmo al andar que de igual manera era inconfundible.
Palidez, extrema.
Ojos oscuros que resaltaban su palidez.
Flaco, casi hasta los huesos, pálido, casi transparente, extrovertido, casi con locura, demasiado para mí.
Lloré, lo suficiente como para no desearlo de nuevo.
Me alejé los más que pude de él, intentando que la distancia curara el dolor.
Que apaciguara la revolución de sentimientos dolorosos que me acechaban.
Pero la distancia no lo cura todo, incluso cinco años después de lo ocurrido ha hecho mella en mi interior, hasta el punto de verlo en cada hombre pálido y flaco.
Basta con sacudir la cabeza para darme cuenta de que no es él.
Es casi como una tortura que sin lugar a dudas disfruto.
Algunas amigas me han dicho que soy masoquista, y no lo he negado nunca.
Es un dolor que no me gusta pero que disfruto, disfruto de, por lo menos sentir que estoy viva.
Y es un poco patética ésta situación.
Necesitar el dolor para sentirme viva.
Me he encontrado con más personas que me han hecho sentir viva, pero que al final de cuenta sólo son pasajeras.
La última que pasó fue un desastre total.
Primero, miel sobre hojuelas, dulce, cándido, tierno.
Pero al final, siempre descubro a la persona que está detrás de la máscara.
Estaba a punto de superarlo, siempre tardo mucho, pero en ésta ocasión no fue así.
Decidí interponer una barrera que hiciera que no pensara en él, que me hiciera ignorarlo, que me hiciera creer que ya no estaba ahí todo los días.
Pero ahora, hace ese extraño cambio en su cabello y se parece tanto al primero.
Son tan iguales y yo no lo había notado, ni un poco.
Mejor me giro en el asiento y decido comenzar a hablar con un amigo a mi lado, es más reconfortante ignorar su parecido que aceptarlo.
Mejor sigo hablando con mi amigo y dejo que me envuelva en su charla.
Antes de que se acerque a mí me levanto del asiento y salgo corriendo a la puerta.
Mi amigo me alcanza y me abraza, sabe bien de que huyo, de quien huyo.
No pude evitar que una lágrima me traicionara y saliera corriendo de mis ojos.
Mi amigo sabe tan poco del primero que no creo que entienda bien por qué lloro, pero sabe bien que cualquier cosa que el último haga me lastima, porque sé que está continuando con su vida.
Y yo apenas y estoy en proceso.
“Yo te voy a ayudar” me dijo mi amigo.
Y su protección me inundó.
Espero que éste proceso pase rápido porque siento que me derrumbo cuando lo veo.
Por lo menos ya puedo verlo, antes me dolía siquiera el verlo, ahora he dado un paso más, ya puedo verlo, entre dolorosas miradas, pero al fin puedo verlo.
Tan parecido, al primero, tan parecido.
Un beso en la mejilla por parte de mi amigo y me deja ir. Sabe bien que lloraré por la noche pero también sabe que iré a refugiarme con él por la mañana y entonces podrá ayudarme como lo prometió.
Espero con ansias la mañana, entre sollozos y lágrimas.
Tan parecidos, que sorprende, tan parecidos, que parece patético, tan parecidos, que duele.

0 brindis:
Publicar un comentario