martes, marzo 24, 2009

Flores Blancas Capitulo 5

Destilado por: Patodizath en 4:52:00 p. m.

No pasaron ni dos minutos cuando ya habían cotizado su cuerpo por una fuerte suma a un funcionario del gobierno.

Caminó entre las mesas y se encontró con el hombre, caminaron hacia afuera del prostíbulo.

El hombre la llevó a un motel que estaba a dos cuadras de “El Ruiseñor”, y sin miramientos la hizo suya.

Una hora después estaba caminando de regreso al bar.

Entró por la puerta de servicio y se sentó a hurtadillas en la barra.

-¿Este trabajo cumple tus expectativas?- preguntó un hombre a sus espaldas.

Era el joven  de aquella noche. Sus ojos negros se adentraron en los verdes de ella.

-Por lo menos cumple con darme dinero- dijo sin prestarle mucha atención.

-Pero debe tener algo mejor que el dinero como para que sigas aquí, ¿No?-

-Bueno, de vez en cuando los hombres me dan regalos- respondió.

- Soy Rubén- dijo mientras extendía su mano hacia la chica.

-Hola Rubén, mucho gusto, yo soy…-

-Caty- la interrumpió el muchacho- Lo sé, todos lo saben-

No pudo evitar sonreír ante el comentario. A partir de ahí la plática se hizo más amena. Y así fue todas las noches.

Rubén se presentaba siempre antes de que Caty fuera subastada y luego con miradas entendidas se despedían.  Después era el turno del hombre para esperarla y volver a platicar con ella en la barra.

Así pasaron los días, las semanas, los meses. Escapaban y corrían a escuchar al pianista,  a tomarse fotografías o lo que se pudiera hacer a las cuatro de la mañana. Cuando iban a cumplirse tres meses de que Rubén acudiera a platicar con Caty se desató el infierno.

Caty regresó como cada noche a platicar con Rubén, pero después de un rato la plática comenzó a llenarse de retos.

Primero una copa de vino para ella. Después un tequila para él. Tocó el turno al muchacho de cumplir un reto y se llenó una copa con whisky, la cual bebió sin reparar. Un par de tragos más para ambos y luego dos copas de vino. Todo un coctel de alcohol para los amigos y siguieron más. El pianista comenzó a complacerlos con la música que pedían, algún vals o una simple melodía. Ése piano puso la música de fondo para aquella neblinosa noche.

No supieron bien a qué hora lo decidieron, pero el punto estaba en que caminaban tambaleándose hacia la casa de la chica.

Tenía casi un año de entregar su cuerpo al deseo, de dejar que los hombres la tocasen a su gusto y placer. Debía estar harta del sexo, debía odiar siquiera el pensar en ello pero esa noche lo hizo por gusto.

Dejó que las manos de Rubén la recorrieran sin haber pagado un solo centavo a Damián.

Caricias, roces, besos que por primera vez estaba entregando por amor.

La noche transcurrió entre aquel idilio, no pusieron un trunco a sus instintos.

Y la mañana llegó con los rayos entrometidos interrumpiendo el sueño de la pareja.

Un fuerte dolor de cabeza taladraba a la mujer que yacía desnuda en la cama. Las cortinas oscuras evitaban que el sol entrara de lleno en el cuarto. Tenía una gran ventana en lugar de pared que daba al jardín trasero. El cuarto estaba tapizado con una alfombra color guinda y la gran ventana estaba ribeteada por una cortina del mismo color.

Se removió entre las sábanas de satín negro que apenas y la cubrían y se giró para ver el reloj de la mesita.

Eran las 4:40 pm, había dormido un par de horas más y no sabía porque.

Comenzó a recordar que Damián la había vendido a un diputado que venía de la capital y había tardado sólo un rato con él. Recordaba que para las dos ya estaba de regreso en “El Ruiseñor” y que Rubén había estado esperándola, como siempre.

Su memoria comenzó a trabajar y comenzó a recordar.

 

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