viernes, marzo 27, 2009

Flores Blancas Capítulo 7

Destilado por: Patodizath en 5:30:00 p. m.

Una gota cayó en el papel.

Un leve gemido escapó de los labios de aquella damisela vestida tan tentadoramente.

Comenzó a sollozar y sus compañeras la miraron.

Se hizo un ovillo y comenzó a decir cosas que no tenían sentido para las demás.

Sus lágrimas corrieron el maquillaje que cubría su cara y su compostura quedó reducida a migajas.

De la orgullosa, seductora e incitante Caty, ya nada quedaba, Caty jamás volvió a sonreír de verdad, jamás volvió a ser la misma.

Su carrera como estelar de las estelares siguió como de costumbre, Elvia pasó a ser de segunda, Vanessa se fue con aquel  hombre que la compraba todas las noches y Martha fue de segunda incluso antes que Elvia, Joanna continuó en su lugar tres años y después escapó con un político del estado vecino, Caty perduró en su lugar casi diez años, cuando Damián le dio a escoger, retirarse o pasar a ser de segunda.

Su orgullo y el dinero que guardaba en su baúl la convencieron de escoger su jubilación de aquel trabajo carnal.

Compró el viejo piano de “El Ruiseñor”, puso una florería y contrató una encargada para no tener que ir diariamente a ése local.

Se refugió en su casa y pasó el resto de su vida ahí, enclaustrada, saliendo sólo a caminar, a checar la florería  y de compras, regularmente de madrugada.

Pasaron los años y ahora estaba ahí, sentada en su sala, en aquel viejo sillón ocre que tanto le gustaba.

Sus ojos verdes con motas color miel estaban colmados de lágrimas y su café estaba frío.

Se levantó lentamente y caminó por el pasillo seguida de Dandi. Entró en aquel cuarto oscuro en el que sólo habían cambiado las cortinas.

La ventana seguía dando a un jardín lleno de flores blancas. El piano negro, viejo, descarapelado y triste seguía ahí.

Caminó hasta el baúl y se sentó frente a él. Sacó de entre sus ropas una cadena de plata con un crucifijo, en ésa cadena también había una llave.

Abrió el baúl y levantó la tapa. Un chirrido estridente inundó la habitación. Dentro del baúl habían papeles, perfumes, vestidos negros, una caja de terciopelo rojo que jamás había abierto y una prenda negra. Alzó la prenda y la extendió ante sus ojos, era una sotana. Debajo de la sotana había una caja de zapatos color marrón.

Tomó la caja y la abrió con esas manos temblorosas surcadas por arrugas y manchas de la edad.

Dentro de la caja sólo había dos cosas, una fotografía y una carta.

Sus orbes verdes se volvieron a llenar de lágrimas, tomó la fotografía y se levantó.

Caminó de regreso hasta la sala y se dirigió hasta una repisa frente a ella.

Miró detenidamente la fotografía entre sus manos y la acomodó a lado de un retrato.

La fotografía tenía signos de haber sido arrugada pero aún así se detuvo en el marco de la otra fotografía.

Catalina, cuando  joven era muy hermosa y aquel hombre de ojos negros a su lado hacía buen juego con ella.

La otra fotografía era diferente, aunque también en blanco y negro. En ella estaba Catalina con un pequeño niño de ojos negros en sus brazos.

Sonrió y acarició el cristal de aquel retrato.

-Hijo, éste es tu padre- susurró.

Se dio la vuelta y salió al jardín a cortar flores, flores blancas.  Su hijo no tardaba en llegar, era muy puntual con aquél reloj de bolsillo y si la encontraba llorando se preocuparía.

Caminó entre las flores y tarareó una canción, una melodía triste, un réquiem para Caty.



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Ésta fué mi historia, la historia que tal vez es un poco fuertepero que a mí si me gustó.

Espero que a ustedes si les guste y que por favor me dejen algun comentario.

¡Dulces delirios de ésta ebria!


2 brindis:

Cecy Evans dijo...

Wow!!! :O me sigues sorprendiendo pato 'o'.
la vdd tienes demasiado talento me encanto tu historia, sigue asi mira que te espera un mui buen futuro.
mucha suerte

Riddick D dijo...

co, genial, me gusto´ mucho.

 

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