
Una gota cayó en el papel.
Un leve gemido escapó de los labios de aquella damisela vestida tan tentadoramente.
Comenzó a sollozar y sus compañeras la miraron.
Se hizo un ovillo y comenzó a decir cosas que no tenían sentido para las demás.
Sus lágrimas corrieron el maquillaje que cubría su cara y su compostura quedó reducida a migajas.
De la orgullosa, seductora e incitante Caty, ya nada quedaba, Caty jamás volvió a sonreír de verdad, jamás volvió a ser la misma.
Su orgullo y el dinero que guardaba en su baúl la convencieron de escoger su jubilación de aquel trabajo carnal.
Compró el viejo piano de “El Ruiseñor”, puso una florería y contrató una encargada para no tener que ir diariamente a ése local.
Se refugió en su casa y pasó el resto de su vida ahí, enclaustrada, saliendo sólo a caminar, a checar la florería y de compras, regularmente de madrugada.
Pasaron los años y ahora estaba ahí, sentada en su sala, en aquel viejo sillón ocre que tanto le gustaba.
Se levantó lentamente y caminó por el pasillo seguida de Dandi. Entró en aquel cuarto oscuro en el que sólo habían cambiado las cortinas.
La ventana seguía dando a un jardín lleno de flores blancas. El piano negro, viejo, descarapelado y triste seguía ahí.
Caminó hasta el baúl y se sentó frente a él. Sacó de entre sus ropas una cadena de plata con un crucifijo, en ésa cadena también había una llave.
Abrió el baúl y levantó la tapa. Un chirrido estridente inundó la habitación. Dentro del baúl habían papeles, perfumes, vestidos negros, una caja de terciopelo rojo que jamás había abierto y una prenda negra. Alzó la prenda y la extendió ante sus ojos, era una sotana. Debajo de la sotana había una caja de zapatos color marrón.
Tomó la caja y la abrió con esas manos temblorosas surcadas por arrugas y manchas de la edad.
Dentro de la caja sólo había dos cosas, una fotografía y una carta.
Sus orbes verdes se volvieron a llenar de lágrimas, tomó la fotografía y se levantó.
Caminó de regreso hasta la sala y se dirigió hasta una repisa frente a ella.
Miró detenidamente la fotografía entre sus manos y la acomodó a lado de un retrato.
La fotografía tenía signos de haber sido arrugada pero aún así se detuvo en el marco de la otra fotografía.
Catalina, cuando joven era muy hermosa y aquel hombre de ojos negros a su lado hacía buen juego con ella.
La otra fotografía era diferente, aunque también en blanco y negro. En ella estaba Catalina con un pequeño niño de ojos negros en sus brazos.
Sonrió y acarició el cristal de aquel retrato.
-Hijo, éste es tu padre- susurró.
Se dio la vuelta y salió al jardín a cortar flores, flores blancas. Su hijo no tardaba en llegar, era muy puntual con aquél reloj de bolsillo y si la encontraba llorando se preocuparía.
Caminó entre las flores y tarareó una canción, una melodía triste, un réquiem para Caty.
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Ésta fué mi historia, la historia que tal vez es un poco fuertepero que a mí si me gustó.
Espero que a ustedes si les guste y que por favor me dejen algun comentario.
¡Dulces delirios de ésta ebria!

2 brindis:
Wow!!! :O me sigues sorprendiendo pato 'o'.
la vdd tienes demasiado talento me encanto tu historia, sigue asi mira que te espera un mui buen futuro.
mucha suerte
co, genial, me gusto´ mucho.
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