
Con el estreno encima y un montón de pendientes por hacer, mi decisión fue huir a la comodidad de mi casa en valles, por lo que, apenas dieron el toque de salida corrí a buscar algunos cambios de ropa y llamé para apartar el boleto.
-Lo sentimos pero ya no hay boletos para el día de hoy, sólo puedo hacer el intento de conseguir un boleto para usted el día de mañana-
Con el ceño arrugado y un sinnúmero de pataletas acepté un boleto para el día siguiente (sábado 4) a las nueve cuarenta de la mañana.
Por fin estaría en valles, después de varios meses de no pararme por ahí ni una sola vez.
La mañana llegó y lo primero que hice fue bajar mis maletas al piso de abajo y comenzar con las despedidas.
“Hasta pronto abuelita”
“Te cuidas mucho”
“No te bajes en los puntos intermedios”
Guardé en mi bolsillo las recomendaciones de aquella noble mujer y me encaminé a la central camionera.
Justo a las nueve cinco llegué a formarme en la fila de gente que serpenteaba insinuante y comencé a golpear mi pie en la baldosa en muestra de mi impaciencia.
Cuando por fin estuve frente al hombre de facciones treintañeras pregunté por mi boleto y fue entonces que sus palabras me mandaron a la lona.
“Lo siento, pero es que vendimos su boleto de urgencia”
Fue como si alguien hubiera ordenado a mi cerebro enviar todas las palabras malsonantes que existían y frases despectivas acerca del servicio que brindaban.
“Podemos darle un boleto de las cuatro de la tarde en compensación”
Estuve a punto de aventarme hacia la barra que hacía de ventanilla y estrangular al hombre.
Eso era un insulto a mi persona.
Decidí por el bien de mi hígado retirarme y buscar una línea de autobuses que tuviera una salida antes que la que me ofrecían, y la encontré.
“La siguiente salida a valles es a las once de la mañana, y hay asientos libres”
Mi día se iluminó, no me importó tener que esperar dos horas ahí, con tal de ir a mi casa ése mismo día.
Salí al andén número 22 y me senté a esperar, dos horas me separaban de estar en camino y las gastaría como fuera posible.
Los primeros veinte minutos fueron exasperantes, mientras veía cómo el autobús de las nueve cuarenta de la traicionera línea de camiones vecina salía repleto de gente, me carcomía el coraje de imaginarme subiendo en el lugar de alguna de esas personas.
Vi llegar autobuses y autobuses, los vi irse y emprender el camino, por lo que la primera hora pasó sin más.
Fue entonces que algo sucedió, llegó un camión de la línea que esperaba con un montón de encargos y paquetería.
Los ayudantes comenzaron a bajar todo lo que debían y cuando terminaron subieron al camión y se fueron de nuevo.
El aburrimiento me estaba consumiendo por lo que la curiosidad me llamó a pararme.
Me acerqué al montón de cosas en el suelo y varios objetos en forma de carrete llamaron mi atención.
Me acerqué un poco más y pude ver lo que mi curiosidad clamaba.
Había un grupo de carretes blancos con un sello de seguridad que decían: MMCINEMAS y otro grupo de carretes azules en el que se podía leer: CINEPOLIS
Me acerqué con el corazón en la garganta y sentí que mis piernas me temblaban.
“Half Blood Prince Sub”
“Half Blood Prince Dob”
Los carretes del medio estaban sellados con unas cintas negras y en ambos grupos se podía ver tal grado de seguridad.
Los dos grupos de películas estaban nutridos con esas dos entregas, estaba frente a mí lo que había estado esperando por dos años.
De mi boca comenzaron a salir palabras sin sentido, grititos alarmantes y balbuceos incoherentes. Las personas a mí alrededor veían lo que hacía e intentaban saber el porqué de mi pequeño lapsus-brutus.
El aire que a duras penas entraba en mis pulmones quemaba mi garganta y lo único que hacía era desfavorecer mi actividad respiratoria.
Cuando por fin lo nervios estaban en un grado que podía controlar comencé a tener visiones en las que yo era la protagonista y corría desde el andén 22 hasta mi casa, contactaba a la gente que podía y veía esa película triunfante.
Algunos otros incluían tintes piro maniacos en los que me deshacía de todo el que se oponía a que entrara en alguno de los cines y cerrara la sala sólo para mí.
Un mar de ensoñaciones se me vinieron encima y lo único que lograron fue que mi boca se abriera dejando escapar canturreos y palabras nerviosas.
Me senté frente a los carretes y los observé embelesada.
Si realmente tuviera la oportunidad de tener las cintas para mí, no me las quedaría sola. Después de verla invitaría a mucha gente a disfrutarla conmigo por lo que aquellos pensamientos que incluían robos y bomberos quedaron relegados a un segundo plano.
Comencé a recapacitar y pensé que no sólo yo era fanática de Harry Potter, por lo que decidí dejar en paz los carretes y subir al autobús, (que no supe a qué hora había llegado) y emprender mi camino a Valles.
Dejé la película ahí, esperando por ser reproducida para una horda de fanáticas que no se imaginan que estuvieron a punto de quedarse sin verla.
-Lo sentimos pero ya no hay boletos para el día de hoy, sólo puedo hacer el intento de conseguir un boleto para usted el día de mañana-
Con el ceño arrugado y un sinnúmero de pataletas acepté un boleto para el día siguiente (sábado 4) a las nueve cuarenta de la mañana.
Por fin estaría en valles, después de varios meses de no pararme por ahí ni una sola vez.
La mañana llegó y lo primero que hice fue bajar mis maletas al piso de abajo y comenzar con las despedidas.
“Hasta pronto abuelita”
“Te cuidas mucho”
“No te bajes en los puntos intermedios”
Guardé en mi bolsillo las recomendaciones de aquella noble mujer y me encaminé a la central camionera.
Justo a las nueve cinco llegué a formarme en la fila de gente que serpenteaba insinuante y comencé a golpear mi pie en la baldosa en muestra de mi impaciencia.
Cuando por fin estuve frente al hombre de facciones treintañeras pregunté por mi boleto y fue entonces que sus palabras me mandaron a la lona.
“Lo siento, pero es que vendimos su boleto de urgencia”
Fue como si alguien hubiera ordenado a mi cerebro enviar todas las palabras malsonantes que existían y frases despectivas acerca del servicio que brindaban.
“Podemos darle un boleto de las cuatro de la tarde en compensación”
Estuve a punto de aventarme hacia la barra que hacía de ventanilla y estrangular al hombre.
Eso era un insulto a mi persona.
Decidí por el bien de mi hígado retirarme y buscar una línea de autobuses que tuviera una salida antes que la que me ofrecían, y la encontré.
“La siguiente salida a valles es a las once de la mañana, y hay asientos libres”
Mi día se iluminó, no me importó tener que esperar dos horas ahí, con tal de ir a mi casa ése mismo día.
Salí al andén número 22 y me senté a esperar, dos horas me separaban de estar en camino y las gastaría como fuera posible.
Los primeros veinte minutos fueron exasperantes, mientras veía cómo el autobús de las nueve cuarenta de la traicionera línea de camiones vecina salía repleto de gente, me carcomía el coraje de imaginarme subiendo en el lugar de alguna de esas personas.
Vi llegar autobuses y autobuses, los vi irse y emprender el camino, por lo que la primera hora pasó sin más.
Fue entonces que algo sucedió, llegó un camión de la línea que esperaba con un montón de encargos y paquetería.
Los ayudantes comenzaron a bajar todo lo que debían y cuando terminaron subieron al camión y se fueron de nuevo.
El aburrimiento me estaba consumiendo por lo que la curiosidad me llamó a pararme.
Me acerqué al montón de cosas en el suelo y varios objetos en forma de carrete llamaron mi atención.
Me acerqué un poco más y pude ver lo que mi curiosidad clamaba.
Había un grupo de carretes blancos con un sello de seguridad que decían: MMCINEMAS y otro grupo de carretes azules en el que se podía leer: CINEPOLIS
Me acerqué con el corazón en la garganta y sentí que mis piernas me temblaban.
“Half Blood Prince Sub”
“Half Blood Prince Dob”
Los carretes del medio estaban sellados con unas cintas negras y en ambos grupos se podía ver tal grado de seguridad.
Los dos grupos de películas estaban nutridos con esas dos entregas, estaba frente a mí lo que había estado esperando por dos años.
De mi boca comenzaron a salir palabras sin sentido, grititos alarmantes y balbuceos incoherentes. Las personas a mí alrededor veían lo que hacía e intentaban saber el porqué de mi pequeño lapsus-brutus.
El aire que a duras penas entraba en mis pulmones quemaba mi garganta y lo único que hacía era desfavorecer mi actividad respiratoria.
Cuando por fin lo nervios estaban en un grado que podía controlar comencé a tener visiones en las que yo era la protagonista y corría desde el andén 22 hasta mi casa, contactaba a la gente que podía y veía esa película triunfante.
Algunos otros incluían tintes piro maniacos en los que me deshacía de todo el que se oponía a que entrara en alguno de los cines y cerrara la sala sólo para mí.
Un mar de ensoñaciones se me vinieron encima y lo único que lograron fue que mi boca se abriera dejando escapar canturreos y palabras nerviosas.
Me senté frente a los carretes y los observé embelesada.
Si realmente tuviera la oportunidad de tener las cintas para mí, no me las quedaría sola. Después de verla invitaría a mucha gente a disfrutarla conmigo por lo que aquellos pensamientos que incluían robos y bomberos quedaron relegados a un segundo plano.
Comencé a recapacitar y pensé que no sólo yo era fanática de Harry Potter, por lo que decidí dejar en paz los carretes y subir al autobús, (que no supe a qué hora había llegado) y emprender mi camino a Valles.
Dejé la película ahí, esperando por ser reproducida para una horda de fanáticas que no se imaginan que estuvieron a punto de quedarse sin verla.
