Carta para Magaly (persona querida por mi mejor amigo)
Magaly:
Hace días me pregunté varias veces ¿cómo es que llegamos a esto? ¿Cómo hemos venido a parar a éste trato hostil e indiferente? ¿Cómo?
Aún puedo recordar que nuestra comunicación era fluida. Puedo recordar que las sonrisas eran sinceras. Puedo recordar que hablar no era prohibido.
Sé bien que en estos momentos las palabras pueden causar escozor y que escucharme es algo que causa mella en lo que piensas. Por eso he decidido hacer esto. No hay otra manera, no existe otra forma en que puedas saber lo que estoy pensando. Pero, ¿Es eso congruente si nos vemos a diario? ¿Es necesario si de lunes a viernes nos encontramos a dos o tres metros durante más de diez horas? ¿Es preciso tener que escondernos para poder hablar de una forma medianamente tranquila?
No lo es Magaly y bien lo sabes.
Nos han orillado a esto. Tú sabes cómo, tú sabes cuándo, tú sabes QUIEN.
¿Eso es normal?
Pero, si bien, el momento se puede dar, las palabras pueden emerger, todo puede darse; el problema es que hemos llegado al grado en que no sabemos lo que es verdad. No es por el hecho de que digamos falsedades o que las cosas que hablemos no sean verídicas; el problema aquí es que estamos recibiendo mensajes desde puntos de vista diferentes. Estamos siendo bombardeados por palabras de parte de personas que nada tienen que ver con lo que nos ocurre.
No podemos mantener al margen de lo que nos ocurre a las personas que apreciamos, pero dejar que sus ponencias influyan en nuestras decisiones no es lo más sano, para nadie.
¿Porqué regir nuestro juicio por lo que nos dicen los demás? Si es algo que nosotros debemos concluir, con nuestros pensamientos, con nuestras decisiones, con nuestros veredictos.
Recibir opiniones desde diferentes ángulos no es malo, para nada; el inconveniente se deja venir cuando nuestras acciones y elecciones se presiden por lo que los demás deciden.
Magaly, no te estoy pidiendo que hagas oídos sordos hacia las personas que te rodean, no te estoy pidiendo una reclusión para con tus amigos. Sólo te estoy pidiendo que juzgues por lo que piensas, crees y sientes, no por lo que los demás puedan pensar, creer o sentir.
Después de eso todo se hará llevadero para ambos. Hablar no será incómodo. Será algo sincero que los dos podremos controlar.
Así podré entender lo que esperas de mí y entenderás lo que estoy dispuesto a hacer por ti.
Porque he llegado al punto en que hablar contigo es hablar con otra persona, una persona que NO eres tú, una persona que desconozco completamente, una persona que no refleja lo que alguna vez me habías mostrado que eras.
Es muy difícil para mí formarme un criterio y prever lo que deseas que haga si no eres clara, contigo y por consiguiente conmigo.
Dejemos que hablar sea algo común, sin tapujos, sin cortedad y sin guardaespaldas (si es posible). Necesito hablar contigo sin esperar que en cualquier momento alguien llegue a decir que debes irte. Sin estar a la expectativa de “alguien” que vendrá por ti para ir a alguna parte (a la que por supuesto puede ir sola)
Necesitamos hablar un largo rato, para poder decir lo que tengamos que decirnos, aspiro a un momento más largo que los que nos ceden tus amigos. Un momento en el que me puedas decir, gritar y aclarar todo lo que estás guardándote.
Obviamente sé que las circunstancias te están orillando a llevar ese comportamiento conmigo, ¿sabes por qué estoy seguro?
Porque hace algún tiempo empecé a conocer a alguien llamada Magaly que me mostró su interior y que se sinceró por completo conmigo. Yo solía entender lo que me decía, solía acertar con sus palabras, solía conocerla.
Pero ahora, gracias a muchas situaciones que se han venido dando y las formas en que se han abordado por parte de las personas que la rodean, Magaly se ha convertido en otra persona, ha tomado actitudes que ni en mis peores pensamientos pude imaginar que tomara.
No estoy declarando que la Magaly que ahora lee esto sea una persona negativa, pero aseguro que no es la que yo conocí.
La esperanza que tengo muy bien guardada es que sé que en el fondo, ahí donde se guardan los buenos recuerdos y donde no entra la maldad está la Magaly que me sonreía sincera, la Magaly que no tenía miedo de hablar conmigo y que por supuesto estaba dispuesta a hacer algo con los problemas, no simplemente dejar que alguien más los manejara. Ésa Magaly está dentro y espero tener el gusto de volver a verla.
Espero tener la oportunidad de platicar contigo de manera tranquila, sin incautas interrupciones, para poder escuchar lo que me tienes que decir. Lo que sé que quieres decirme.
Por el momento espero que ésta carta y mis palabras sean algo entre tú y yo, como debe. Agradecería que los comentarios hacia éste gesto se releguen a darse entre tú y yo solamente, para evitar así las erróneas conclusiones de personas ajenas a nuestros asuntos.
Magaly, espero que puedas concederme una plática, un rato en el que podamos dedicar nuestra atención a lo que nos falta por decir y no a las interrupciones que se puedan dar.
Esperando que el destino nos vuelva a unir, hasta luego, Carlos.
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Indepoendientemente de lo que pase, ya sabes que tienes mi apoyo y cariño Carlos. ¡Un beso enorme!
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miércoles, septiembre 08, 2010
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