lunes, noviembre 15, 2010

Memorias olvidadas de Emilia- Capítulo 2

Destilado por: Patodizath en 9:50:00 p. m.

El día siguiente, cuando Emilia arribó a la preparatoria no sabía definir el sentimiento que arrastraba con ella.

Lo que sí supo definir es que su estómago estaba reclamándole que no hubiera comido el día anterior y no lo quería rugiendo en el salón enojado.

Caminó hacia la cafetería más cercana (había tres) y compró un delicioso licuado de plátano con mermelada de piña que la señora vendía. En realidad la gente la miraba de forma extraña cuando pedía eso pero no le importaba pues, para ella, eso, era delicioso.

Estaba esperando que le entregaran se pedido cuando percibió una loción bastante conocida…

-Bruno- murmuró tan bajo que sólo ella podía escucharse

-¿Si? Dime- contestaron a su espalda

Dio un bote y se giró para quedar frente al culpable de que estuviera ordenando un estrafalario licuado y lo miró sorprendida, ¿había dicho eso en un murmuro o simplemente su subconsciente la estaba engañando?

Pasó casi un minuto y ninguno dijo nada.

-¿Me ibas a decir algo Em?- preguntó después de que pasó un momento y su amiga siguiera mirándolo desconcertada

Cinco… cuatro… tres… dos… uno…

-¡No!... yo… nada… el licuado… salón…-

Un par de incoherencias más y se decidió por dar la vuelta tomar su licuado y salir disparada hacia el salón sin esperar el dinero que le sobraba.

Bruno la miró un poco extrañado y sonrió, su amiga era así, y así le gustaba que fuera. Recogió el cambio y se dirigió hacia el mismo lugar al que había huido su amiga.

¿Qué le pasaba? ¿Por qué había tenido esa reacción? Siempre había logrado mantenerse inmutable ante su presencia, ¿Por qué ahora no?

-Se te olvidó tu “feria”- le dijo Bruno mientras se sentaba en el banco contiguo al suyo.

Sabía que en algún momento no podría resistir la tentación de decirle lo que le pasaba (no se atrevía a decirlo con todas sus letras) Sabía que llegaría el instante preciso en el que su sinceridad no se detendría y hablaría, pero en esos momentos prefirió simplemente moverse con la corriente y ser su amiga. Aquél día sería su amiga. Y el día siguiente. Y el siguiente. Y el mes siguiente.

Diciembre había llegado ya y ella no había reunido el valor suficiente. Estaba sorprendida de que en uno de esos momentos después de comer chocolate y sus células estuvieran alteradas no se le hubiera salido decirle: “Ey Bruno, me enamoré de ti”

Y ése día, después de aquél par de meses escondiendo sentimientos sabía que debía hacerlo.

-Bruno- le dijo mientras almorzaban en la cafetería-¿Iremos a la plaza después de clase?

-Claro- respondió y se perdió en su enorme hamburguesa.

-Es que quiero hablar contigo- continuó en voz un poco más baja, con la intención de que no la escuchara.

-Yo también quiero platicar- contestó, señal de que su intento había fallado.

-Ok-

-Ok-

De nada sirve negar que las siguientes tres horas de clases fueran demasiado rápidas para Emilia, si el sudor en su cien lo denotaba. Los mismos profesores lo notaron, pues, la siempre platicadora Emilia Robles no hizo acto de presencia.

El timbre de salida llegó inesperadamente justo en medio del cuarto ensayo mental que realizaba la muchacha. La sorprendió.

-Vamos Em- la apuró Bruno y ella supo que también estaba nervioso pues pasaba constantemente su mano por el cabello azabache.

Al salir se topó con algunos de los amigos de Bruno, entre ellos Zacarías, el chico de ojos marrones que tanto admiraba Emilia, sus dibujos eran impresionantes. El concurso de pintura del año pasado, él lo había ganado, por supuesto.

Bruno charló unos minutos con ellos mientras Emilia esperaba a su espalda. Sentía aún el nerviosismo pero se había aligerado desde que había comenzado a observar el cuaderno de Zacarías. Ése que decía “Mis trazos. Zac”

Estuvo imaginando los hermosos dibujos que habría ahí por un momento y luego sintió la mano de Bruno en su codo que la jalaba a la realidad.

-Vamos- masculló

No supo bien porqué se mostraba un poco molesto, su ceño estaba arrugado y hacía que se viera un poco más grande. No supo porqué no dejó de jalarla hasta la salida. Su codo comenzaba a pedir auxilio cuando por fin tuvo libertad.

-¿Qué tienes?- le preguntó confusa

-Nada- respondió cortante y supo bien que no debía indagar en sus razones pues ese tono ya lo conocía: no quería hablar del tema.

Cuando llegaron a la plaza, estaban platicando de otros temas, de la comida, de la salida del sábado, de las vacaciones de invierno, de muchas cosas, pero Emilia sabía que el momento estaba a punto de llegar.

Se sentaron en una de las bancas más alejadas de la gente y siguieron con su verborrea.

De pronto Bruno se adelantó.

-Em, necesito tu ayuda- le dijo serio-Y quiero saber si puedo contar contigo a partir de ahora-

Emilia estaba un poco nerviosa, por lo que le fuera a pedir, y por la necesidad de Bruno de saber si contaba con ella. La respuesta siempre sería: SÍ

-Yo quiero hablar contigo también de algo delicado, quiero que nos pongamos serios- sabía que el momento había llegado.

-Sí, pero antes déjame decirte esto- ella asintió, prolongaría la espera un poco más-Quiero tu ayuda-

-Cumpliré ocho meses con Rubí y quiero que me ayudes a elegir un buen regalo-

Era un balde de agua fría, helada.

Su cabeza se movió de arriba a abajo automáticamente.

Su confesión jamás vería la luz a ése paso…

2 brindis:

Glory Rojas :D dijo...

Wowwww me gusta tu forma de escribir tantas emociones,,, :D i like !!!

Patodizath dijo...

Hago lo que puedo.
Gracias, cuando gustes pasar a leer, eres bienvenida.

 

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