
Antes de publicar el escrito sobre el último libro de Harry Potter traigo una historia, que muy seguramente enlazarán con una que ya he subido.
Marcos y Corina.
Pues bien, aunque no lo crean, soñé una segunda parte para la historia y este es el resultado, espero que les guste, porque esto es una breve muestra de lo desordenado, incoherente y extraño que es mi cerebro.
Juro que subiré el escrito de HP en unas semanas, sólo estoy perfeccionándolo.
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La ciudad Vecina
Corina se había levantado muy temprano esa mañana, como cada día desde que tenía memoria había puesto su despertador quince minutos antes para tener tiempo de sobra.
Se bañó, se secó el pelo y lo planchó para que el lacio fuera perfecto.
Tenía tanto tiempo para arreglarse como el que tenía para desayunar, o sea, poco, así que corrió escaleras abajo tomó su mochila y partió hacia el tecnológico.
Sabía bien que desde que había emigrado a otra ciudad su vida había cambiado drásticamente pero saber que aún quedaban sus amigos la calmaba en gran medida.
Dos días antes se había puesto de acuerdo con ellos para verse, sabía que tenían clases por la tarde y sabía que, igual que ella, llevaban uniforme por lo que no se preocupó en cambiarse de ropa. Al salir de clases, justo cuando el sol estaba sobre las montañas, caminó hasta la parada de autobús y abordó uno que lo llevara a la central camionera.
Llevaba puesto su uniforme, una falda gris oscura y una blusa celeste, aquellas mallas y sus zapatos cafés. Ése uniforme, en ocasiones le parecía de lo más ridículo, pues estaba en el nivel superior y se veía obligada a usar algo que simplemente generalizaba.
Pero eso no le importó y en las dos horas de camino durmió un poco y soñó con pájaros morados, árboles azules y rosas amarillas.
De pronto se sobresaltó por el freno momentáneo del autobús y despertó.
Estaban a punto de llegar, el sol estaba ya tras las montañas, las luces de la ciudad cercana estaban comenzando a inundarla y eso la emocionó, si algo le gustaba más que visitar ésa ciudad, era visitar ésa ciudad de noche.
Cuando el chofer anunció la llegada a la central camionera saltó del asiento y bajó antes que nadie.
Respirar un olor con brisas sabor naranja era algo natural en la ciudad vecina, naranjas…
Caminó hacia la calle, si mal no recordaba (y más valía que su estropeada memoria trabajara duro aquella noche) debían verse en una de las plazas de la ciudad, y según lo que decía su reloj faltaban veinte minutos para que llegara la hora del reencuentro.
Tomó un taxi y le indicó la plaza central de la ciudad, la primera banca del lado norte.
Precisión.
Cuando bajó del taxi se dio cuenta de que aquella visita sería todo, menos íntima. Había una serie de puestos en los que la gente vendía sus productos, fueran lo que fueran. Formados, uno seguido de otro se extendían alrededor de la plaza, con luces de todos los colores anunciándolos. Algunas lámparas verdes salían de las lonas con las que estaban hechos los puestos. Olores fuertes, mentolados, nauseabundos, rancios y deliciosos se combinaban todos al pasar entre ellos.
Corina tardó un poco en recordar que aquella plaza, durante esas fechas, estaba abarrotada de productos del campo, animales exóticos, acuáticos y de compañía. Algunos puestos ofrecían comida para los animales, otros ofrecían comida para el que pasaba. Todo aquello era una ensalada de negocios orgánicos.
Y cuando cayó en la cuenta de eso sonrió, aquella visita sería bastante interesante.
Buscó la banca que habían acordado y se acercó a ella. La banca estaba sola, como era de esperarse, sus amigos siempre habían sido impuntuales, por lo que se sentó y esperó.
Comenzó a observar a su alrededor, las personas que por ahí pasaban, los animales que vendían, los niños correteando por aquí y allá y más allá.
Estuvo así un rato hasta que sintió una mano sobre su hombro, una mano pequeña, una mano con un pequeño anillo en el meñique, una mano que la apretó tres veces sólo como Lena solía hacerlo.
Volteó lentamente y se topó de lleno con el rostro de su mejor amiga y acto seguido la abrazó efusivamente.
-¿Cómo estás?- gritó la muchacha de cara redonda y mirada castaña
Corina no pudo contestar por lo sofocada que se encontraba ante la prisión de los brazos de su amiga.
Cuando por fin estuvo fuera de su agarre sonrió más, si era posible, y contestó agitada.
-Bien-
Después de eso fue aprisionada por el abrazo de Irán, la muchacha alta que siempre acompañaba a Lena y que con una sonrisa siempre alegraba el día.
Irán fue un poco menos efusiva, por lo que cuando preguntó
-¿Qué tal el viaje?-
Corina pudo contestar de inmediato
-Bastante tranquilo, pude dormir un poco-
Cuando Irán se hizo a un lado dejó ver a Dalia, como siempre seria. Se acercó a ella y le plantó un gran beso en la mejilla. Para su sorpresa, de inmediato la abrazó casi tan fuerte como Lena, señal de su emoción pero sin pronunciar una palabra.
Cuando terminaron de intercambiar palabras y frases típicas de un reencuentro. Corina no pudo evitar buscar con la mirada a alguien más, sólo por si acaso.
-Dijo Marcos que nos alcanzaba en un rato, fue a estacionar el carro- murmuró Irán y luego le dirigió una sonrisa.
Desde aquella ocasión en el barco las cosas no habían cambiado mucho, sólo un par de miradas más, aquellas visitas inesperadas, las paletas de chocolate que de pronto aparecían, aquellos roces en sus manos, demasiado casuales. Podría decirse que todo seguía siendo lo mismo.
Pero con el cambio de ciudad, de escuela y de entorno, las situaciones que la mantenían en su nebulosa habían acabado y como no eran, insisto, no eran novios, no hubo más que conformarse con los mensajes de texto que de vez en cuando llegaban a su celular.
Ahora estaba a punto de verlo y su corazón estaba desbocado y no quería ni siquiera pensar el porqué.
-Rina- escuchó a su espalda. Así le llamaba uno de sus profesores, el maestro Lorenzo Flores, el mismo que ahora le sonreía alegre desde una de las bancas vecinas.
-¡Qué sorpresa verte por acá!- dijo
No pudo evitarlo, si a alguien apreciaba, ése era su profesor de historia Lorenzo Flores, ése que ahora abrazaba casi de la misma manera en que la abrazaron sus amigas.
-¡Que gusto encontrarlo profe!-
-El gusto es mío, todavía me acuerdo de una de mis alumnas preferidas- dijo en un susurro para que Lena, Irán y Dalia no lo escucharan, ellas aún eran sus alumnas y mejor evitar miradas asesinas de su parte.
Platicó unos momentos con él y entre sus pláticas comenzaron a caminar entre los puestos.
Sin darse cuenta se perdieron de la vista de sus amigas y cuando exploraron con la vista a su alrededor la banca había quedado muy atrás, si mal no calculaba, unos cien metros atrás. Aquella plaza sí que era grande.
-Rina, tus amigas no van a encontrarnos- le dijo
-Tendré que ir a buscarlos-
-Llámales- propuso mientras extendía su móvil hacia la muchacha.
Cuando Dalia contestó el celular alguien más estaba ahí, una voz se escuchaba de fondo.
“¿A dónde?” “¿Pero porqué se fue con él?” “Ese estúpido no tiene por qué llevársela” “¿Quién es Dalia?”
Después de un par de preguntas a Dalia y algunos berrinches más, se pusieron de acuerdo para verse en el puesto de peces que estaba al final del pasillo.
Todo debía ir bien.
Caminó con el profesor hasta el estante de los peces. Un hombre trataba de atrapar uno con un trozo de papel, si lo lograba sería suyo.
Aquél concurso se le antojó tonto pero al mismo tiempo le dio algo de ternura que aquel muchacho buscara conseguir el pez para la joven que lo acompañaba, muy seguramente su novia.
No pudo evitar esbozar una sonrisa y acercarse un poco más.
Mientras observaba la hazaña del joven aquél, platicaba un poco con el profesor, lo que había sucedido desde su cambio, la escuela, los trabajos, los alumnos, todo, y así pasaron un par de minutos hasta que las risas de Lena, Irán y Dalia le llegaron desde el pasillo.
Se volteó de inmediato y las vio, entraron de lleno a la lona y platicaron con el profesor, Corina se acercó un poco a la entrada esperando verlo.
Se paró en el umbral y miró hacia ambos lados del pasillo.
Nada.
No había nadie conocido ahí por lo que entró de nuevo en el establecimiento y observó los peces, quería uno. Lo compraría.
Pasó así un rato, Lena, Irán y Delia habían platicado hasta cansarse con el profesor y ella seguía viendo a los que se acercaban a sacar peces con trozos de papel.
Dio la vuelta para ir con sus amigas y lo vio, ahí de pie junto a la entrada; justo donde ella había estado parada hacía unos momentos.
Sonrió, y esos hoyuelos se delinearon, sonrió y su estómago dio un vuelco bastante escandaloso.
Lena observó la escena y al ver que ninguno de los dos se movía se acercó a Marcos y a sabiendas de que le molestaba que lo jalaran, lo tomó del brazo, y tiró de él hasta que llegó junto a Corina.
No supo bien porqué, (como siempre) pero estiró un poco la mano hacia Marcos.
Tampoco supo muy bien porqué pero él tomó la suya.
Y se acercó aún más.
-¿Quieres un pez?- preguntó
Y ella, seguramente con cara de boba, asintió y lo miró de forma intensa.
Lena se alejó dando un poco de privacidad a la pareja y caminó hacia sus amigas y el maestro.
Los dos, Corina y Marcos se miraban de manera que sus pupilas estaban viendo sus reflejos, estaban mirándose, y poco a poco, como dos imanes se acercaron.
Un beso, un beso más.
El tercero es el vencido…
…
Cuando se separó de ella supo que el nudo en la garganta estaba formado por algunas palabras que pugnaban por salir y él no quiso hacerlas esperar.
-Te amo-
Su reacción fue bastante predecible: una gran sonrisa y un “Yo también te amo” adornaron el momento.
-¿Quieres ser mi novia?- una pregunta que fue respondida con acciones: se alzó en sus puntas y lo besó de nuevo, esa era toda la respuesta.
Y ahí, ante todo el mar de gente que buscaba peces, ellos se confesaron el amor que desde el comienzo habían sentido.
Que desde aquél día en el barco irregular se habían demostrado pero que ninguno había aceptado.
Aquél amor que tomaba como símbolo el pequeño pez color amarillo que Marcos capturó para Corina en aquél viejo establecimiento.
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Pues bien, aquí está, no podía dejarlo ahí olvidado, y lo escribí porque a pesar de que sólo son sueños, me ha encantado a sobremanera.
FIN (hasta que vuelva a soñar)
