sábado, julio 23, 2011

Memorias olvidadas de Emilia Cap.8

Destilado por: Patodizath en 11:22:00 a. m. 0 brindis

Es extraño. Muy extraño. Pensaba que saber que él la quería la haría feliz, pero no era así. Y eso no iba de acuerdo a las ensoñaciones de rigor.

La escuela había terminado. Era hora de ir a casa.

El camino hacia la plaza donde tomaba el transporte nunca había sido tan largo.

Algo al doblar la esquina la desorientó. Eran unas galletas de fresa, como las que siempre comía. Frente a su cara.

-¿Gustas? Sé que te encantan-

Zacarías era una buena persona, algo en sus ojos se lo decía, pero no sabía bien porqué estaba realmente segura de eso.

Tomó una de las galletas que había en el empaque.

-Gracias-

Ahora el camino se estaba acortando.

Caminar con él le recordaba mucho a los días que caminaba con Bruno. Pero no eran iguales.

-¿Por qué ya no seguirás ayudando a Bruno con lo de Rubí?- interrumpió de pronto el silencio.

-No creo que sea lo mejor- contestó cortante.

-Ah…- otro silencio

La plaza se podía ver a lo lejos ya. Siete cuadras nunca fueron tan largas y tan cortas.

Cuando estaban a diez metros de llegar a la pequeña plaza con kiosco sintió un golpe de sinceridad, de esos que llegan de pronto y te arrojan a través de la incertidumbre de saber si lo que dirás está bien o mal. Lo sintió y no lo contuvo.

-Bruno dijo que me quiere-

-A mí también me lo dijo-

Silencio…

-No sé qué pensar-

-No pienses-

Silencio…

-Siempre soñé con esto y ahora no sé cómo reaccionar-

-Vive el momento-

Silencio…

-No quiero vivir el momento, no quiero destruir lo que tiene con Rubí-

-Ya no tiene nada con ella-

Silencio…

-No me quiere sólo es la costumbre-

-Pones muchos peros-

Silencio…

-No quiero terminar nuestra amistad-

-No quieres arriesgarte-

Silencio…

-No puedo-

-No quieres

Silencio…

-Creo que no lo quiero, ya no lo quiero-

Silencio…

-Me estoy dando cuenta de que realmente no lo quiero-

Silencio…

-¿Zacarías?-

El chico estaba parado un par de metros atrás, ella estaba ya junto a la parada del transporte. La miraba detenidamente. Le sonrió.

Caminó hasta ella y volvió a sonreír.

-Esperaré a que te vayas y me iré yo- le dijo cambiando el tema.

La chica asintió y comenzó a platicar sobre banalidades, cuando vio venir el transporte se giró y o miró.

-Gracias Zac, me ayudaste mucho hoy- se inclinó y le prodigó un abrazo que fue correspondido inmediatamente por el chico, que aprovechó para embriagarse con el olor a cítricos que desprendía ella.

Se separaron y la vio partir. Ella dijo adiós desde la ventanilla y se alejó.

Bruno suspiró, ver todo desde la otra esquina era algo patético pero servía para comenzar a hacerse a la idea de que probablemente estaba perdiendo a Emilia.

viernes, mayo 27, 2011

Memorias olvidadas de Emilia- Cap 7

Destilado por: Patodizath en 2:52:00 p. m. 0 brindis

Cuando llegó a la primera de las cafeterías no vio rastro de Zacarías por lo que se dirigió a la otra y ahí lo encontró rodeado de sus amigos como siempre.

-Oye, vamos a la biblioteca- murmuró después de los saludos de rigor.

-Claro, pero tenemos que terminar lo de Rubí- indicó

-Sí, de eso se trata-

-¿Emilia está ya en la biblioteca?- preguntó inocentemente

-Mmm-

Zacarías observó a su amigo, sabía que estaba ocurriendo algo porque siempre, siempre estaba acompañado de Emilia pero ahora se encontraba solo. Iban ya un par de días que se comportaba extraño y tal vez era tiempo de pedir explicaciones.

Antes de entrar a la biblioteca tenían que aclarar esto.

-Bruno espera-

-Para qué, entremos a la biblioteca-

-No-

-Sí-

No dijo nada más simplemente detuvo a su amigo del brazo y lo obligó a girarse sobre sí mismo.

-¿Qué te pasa?, ¿Por qué te comportas así?-

-¿Así cómo?- dijo mientras se soltaba del agarre de su amigo

-Así, piedra, no pareces tú, siento como si estuvieras enojado conmigo, ¿hice algo para que te molestaras?-

-No-

-¿Entonces?-

-¿Entonces qué?-

-Bruno… dime que te molesta-

-…-

Pasaron unos momentos y sólo el silencio reinaba ahí, hasta que Bruno tomó una gran bocanada de aire y habló.

-Emilia ya no nos ayudará con lo de Rubí-

La mandíbula de Zac cayó pronunciadamente y su estupefacción no pasó desapercibida para Bruno.

-Pero ¿por qué? ¿No le gustaron las ideas? ¿Le dije algo que la molestó? ¿Por qué?- parloteó

-No nada de eso, es que tiene otras ocupaciones y no puede desperdiciar su tiempo en estas cosas sin importancia-

-Pero si ella siempre te ayuda, siempre deja de hacer cosas por ti, siempre has sido su preocupación, más allá de todo ¿Y ahora resulta que no te quiere ayudar? ¿Qué le hiciste?-

Zacarías siguió hablando pero Bruno no pensaba en otra cosa más que en lo que su amigo acababa de decir, lo estaba pensando, estaba reflexionando todo lo que había dicho, ¿en realidad Emilia siempre había hecho todo eso por él? Una duda comenzó a gestarse, ¿y si Emilia lo quería? ¿Y si Emi, su mejor amiga estaba enamorada de él?

Sabía bien que le estaba pasando algo con ella, pero no sabía qué le pasaba a Emilia con él, en el tiempo que llevaba de conocerla jamás había tocado el tema de “los chicos” con ella. Que idiota al pensar que no le gustaba nadie, que no podía gustarle nadie, pero ahora, que Zacarías estaba interesado en ella comenzó a notar que efectivamente, Emilia era una chica, una muchacha linda que lo entendía, incluso más que su novia, que siempre dedicaba su tiempo para él y que por supuesto lo apoyaba en todo lo que hacía. Pero, siempre estuvo seguro de que Emilia estaría disponible para sus necesidades y saber que estaba en riesgo de que Zacarías acaparara la atención de su amiga no era algo deseable, no quería que Zac se le acercara, no quería que nadie se le acercara, no.

¡Maldita sea! Pensó, sabía entonces que estaba enamorado de ella, pero ¿y Rubí?, no. ¿Qué? No. La respuesta vino a su mente tan pronto que no pudo ni siquiera dudar de que era verdad, no estaba enamorado de su novia, sino de Emilia, aquello era todo un épico caso y ahora su amigo, quien hacía un par de semanas le había dicho que gustaba de Emilia lo miraba extrañado de que su amigo, Bruno, estuviera perplejo y haciendo conjeturas en su cabeza.

-Bruno… Bruno…- repitió el chico dibujante

-Zacarías ¿Te gusta Emilia?- preguntó de sopetón

-¿Qué?-

-¿Te gusta Emilia?- repitió lento

-No- aseguró y los ojos de Bruno se abrieron como platos- La quiero- y su mirada se ensombreció- Y sé que tú también, se te nota, y muy probablemente sea por eso que estás extraño conmigo ¿o me equivoco?-

Le sorprendió aquello pero encuadró los hombros y lo enfrentó

-Sí, y no quiero que te le acerques, no quiero que la veas, no quiero que tengas contacto con Emilia-

Zacarías no se lo esperaba, pensó que su amigo se haría del rogar un poco más pero ahí estaba, como todo un hombre celoso prohibiéndole ver a la chica que la noche anterior acababa de pintar en su cuarto.

-¿Y Rubí?- murmuró

-No estaré más con ella- dijo seguro- No te le acerques a Emilia-

-Eso lo decide ella, no tú- declaró y con la misma fuerza que había detenido a su amigo para hablar se dio la vuelta y caminó dejando a Bruno (no sabía si llamarlo amigo) parado frente a la puerta de la biblioteca, con el ceño arrugado y pensando en cómo terminaría con Rubí a una semana de cumplir ocho meses de noviazgo ficticio…

domingo, marzo 13, 2011

Memorias Olvidadas de Emilia Cap. 6

Destilado por: Patodizath en 3:43:00 p. m. 0 brindis

-¿Por qué ahora no quieres quedarte?-

-Por nada-

-En serio, ya dime- insistió.

-Por nada, vámonos ya-

Durante todo el camino Bruno no le dirigió la palabra a Emilia, a pesar de sus muchas insistencias. Cuando estaban justo en la puerta de la casa de la chica Bruno se aclaró la garganta.

-Mañana iremos a comprar el material y YO iré a dejarlo con él- puso énfasis en el YO- no quiero que vuelvas a su casa-

La muchacha no podía sostener aquella cara de confusión, frente a ella estaba el chico que más quería, que amaba y que por supuesto era su mejor amigo, y ¿le estaba prohibiendo algo? Eso no le gustaba en lo más mínimo.

-¿¡Qué!?- se escandalizó- ¿Me estás prohibiendo que lo vea?

-Sí, no quiero que lo veas más, o que tengas algún otro tipo de contacto con él- siseó con los ojos clavados en el piso.

-¿¡Como por qué!?- cuestionó indignada- ¡No tienes derecho a restringirme de alguien!-

-No te lo puedo explicar, sólo no quiero que lo veas más, ni en su casa ni en la escuela- y con el mismo ímpetu que la había jalado en casa de Zacarías se marchó.

Y la dejó en la puerta de su casa con muchas dudas y confusiones.

Al siguiente día llegó muy temprano y pidió aquél licuado que tanto le gustaba, piña, mermelada, etc.

Al llegar al salón, lo vio sentado en su butaca, Bruno podía ser extraño cuando quería. Dejó su mochila en el suelo de la entrada al salón, y se dio la vuelta de inmediato para salir del salón.

Caminó apresurada por el pasillo, con licuado en mano. Su caminar se estaba convirtiendo en un trote, casi estaba corriendo. Llegó a las escaleras y las bajó de dos en dos. Cuando por fin llegó al patio visualizó una de las jardineras y caminó hacia ella.

Justo antes de poder llegar a la jardinera una mano se cerró en torno a su brazo y la giró sobre sí.

-Necesitamos hablar- murmuró Bruno

-Tú necesitas hablar- dijo secamente

-Por favor Emi- suplicó

-No me llames así, las personas que me aprecian de verdad me llaman así-

-Emi- instó de nuevo- No lo arruines-

-¿Qué no lo arruine?- se alteró la chica- ¡Tú fuiste el que sin razón alguna me prohibió tener un amigo! Ahora Bruno, si quieres hablar comienza por explicar porqué no puedo ser amiga de Zacarías-

-No-

-¡Por qué no!-

-No puedo decirlo-

-En serio Bruno, esto no me gusta nada, ¡Dímelo!-

-¡No puedo!-

-¡Dime!-

-¡Le gustas a Zacarías!-

Aquello más que nada eran gritos, y la mitad de los alumnos que había llegado temprano se había enterado de que a Zacarías le interesaba aquella muchacha de cabellos negros.

-¡¿Qué?!- otra vez descolocada

-Le gustas a Zac- repitió en voz más baja- y no quiero que lo sigas viendo por eso-

-Sabes que eso no tiene congruencia ¿verdad?-

-Le gustas-

-¿Y qué?-

-No quiero que lo veas-

-¿Por qué?-

-No puedo decirlo-

Rodó los ojos e insistió -¿Por qué?-

-No-

-En serio Bruno, me comienza a molestar esto-

-Es que… Yo estoy con Rubí…-

-Esto sí que es molesto, no entiendo el punto-

-Amo a Rubí, pero algo me está pasando contigo Emilia-

Emilia no sabía si sorprenderse por el hecho de que al parecer a Zacarías le interesaba o por el hecho de que Bruno parecía estar diciendo que a él también. Por lo que sin más preámbulo caminó de regreso al salón. Pasó junto a Bruno y no lo miró. Aquello la estaba confundiendo demasiado, no le gustaba sentirse así, para nada.

Bruno se quedó en aquella jardinera y se sentó junto a las magnolias. ¿Acababa de pasar realmente aquello? ¿En verdad se había atrevido?

Cuando había pasado un rato escuchó el timbre de entrada y se dirigió al salón donde vio a Emilia sentada en su lugar, a su lado estaba una compañera de clase que algunas veces almorzaba con ellos.

Tomó lugar lo más lejos posible y en cuanto la hora de receso llegó salió casi corriendo de ahí, en busca de alguien, en busca de Zacarías…

Memorias Olvidadas de Emilia Cap. 5

Destilado por: Patodizath en 3:29:00 p. m. 0 brindis

En el cuarto de Zacarías no había muchos muebles, estaba un colchón, no sabía si catalogar aquello como una cama pues era demasiado bajito como para ser una cama con base, “eso” estaba casi en el centro de aquél cuarto cuadrado, de fondo un gran ventanal que daba hacia el patio trasero, a un costado un armario y ya. No había otra cosa que no fuera una pseudo cama, y un pequeño armario muy seguramente lleno de todo, menos ropa.

Sin embargo, la recámara vacía no era lo que había sorprendido a Emilia, sino las paredes. No eran paredes precisamente, cada centímetro, cada esquina, cada recoveco de la recámara estaba inundado de pintura. En algunas partes había pinturas en blanco y negro, en otros había coloridos paisajes, el punto era que toda la pared estaba llena de hermosas piezas de arte.

No había otra cosa más que pintura, y de acuerdo a las manchas en la ropa de Zacarías y el pincel en su mano estaba haciendo una nueva obra.

-Pasen y siéntense- dijo alegre y señaló el piso, pues no había otro mueble excepto la cama para tomar asiento.

Bruno pasó con confianza y se sentó en la “cama” de Zacarías, comenzó a revolver entre los papeles que había en los aposentos y comentó algunas cosas de la escuela. Emilia se quedó parada viendo cómo el anfitrión regresaba hasta la pared contigua a la ventana.

Zacarías continuó con su tarea de adornar su cuarto, una mujer de espaldas a la vista con cabello negro se podía ver inconclusa.

Pintaba con pasión y entrecerraba los ojos de vez en cuando.

-Y… ¿Qué es lo que haremos?- preguntó de pronto y suspendiendo su trabajo.

Emilia comenzó a hacer una descripción de lo que quería, una pancarta con un dibujo de su amigo y su novia al centro, algunos corazones, un mensaje corto y uno que otro adorno extra.

Zacarías escuchó atento y mientras tanto dibujaba algo en una de las hojas que le había arrebatado a Bruno.

Para cuando Emilia acabó de hablar Zacarías tenía un bosquejo encantador y meloso de lo que había imaginado.

-Parece que tienes experiencia en esto de los dibujos de amor- comentó distraída Emilia mientras observaba a Bruno mientras leía.

-A veces me gusta hacerle honor- contestó mirándola fijamente, a pesar de que ella lo ignoraba por completo- Siéntate- volvió a invitar y ésta vez accedió a sentarse a un lado de Bruno, donde podía recargarse en sus rodillas.

Zacarías miró con recelo la acción y prosiguió modificando el dibujo. Después de dos horas, miradas indescifrables, carraspeos inoportunos e indirectas ignoradas los chicos tuvieron la opción final de la manta para el “caso rubí”.

Estaba comenzando a obscurecer, el cielo se había teñido naranja para cuando se levantaron de la cama.

-Mañana traeremos los materiales para que comiences a trabajar y tenerlo listo en esta semana- le dijo Emilia mientras tiraba del brazo de Bruno hacia la puerta.

-Podemos quedarnos a cenar, su mamá hace las tostadas más deliciosas que he probado- rogaba con ahínco.

-Es tarde Bruno, me regañarán- respondía Emilia.

-Pero las tostadas…-

-Puedes llamar a tu casa si lo necesitas, sería estupendo que se quedaran a cenar- interrumpió Zacarías- Emilia, si hay algo que pueda hacer- dio un par de pasos hacia ella- lo hago, con tal de que te puedas quedar un rato más-

Bruno detuvo su súplica de pronto, miró a su amigo y con una energía desbordante cambió los papeles con Emilia y comenzó a tirar de ella hacia la puerta.

-Puedo llamar- dijo ella entre jalones

-No, es tarde- respondió cortante su amigo, tenía aquella mirada de nuevo, indescifrable.

Zacarías se quedó al final de las escaleras viendo cómo su amigo arrastraba a la muchacha de cabello negro. La misma que estaba pintando en su cuarto…

viernes, enero 21, 2011

Memorias olvidadas de Emilia- Capítulo 4

Destilado por: Patodizath en 7:53:00 p. m. 0 brindis


-Claro- dio un gran bocado de aire- Dime, ¿cuándo quieres darle esa sorpresa?-

-Pues es dentro de una semana y quiero que sea original- habló un tanto apenado.

Si tan solo hubiera comenzado a hablar antes… si se hubiera atrevido… en ese momento no estaría planificando una sorpresa para la chica que le estaba “robando” al hombre de sus sueños.

Aquella tarde planearon todo, desde cómo Bruno llevaría serenata, hasta cómo daría un paseo en el lago a la luz de la luna. Todo.

Para cuando se despidieron eran ya las cinco de la tarde y habían sobrevivido gracias a frituras y agua de horchata.

-Entonces hasta mañana- le dijo la chica mientras ponía un pie en el autobús

-Hasta mañana- respondió él- y… gracias Emilia-

Una sonrisa y se fue el autobús con ella a bordo. Una sonrisa y supo bien que no podría decirle a Bruno lo que sentía, por lo menos no hasta que terminara con Rubí y eso era algo que se veía muy lejano.

Al día siguiente llevó un plan completo de las cosas que debían hacer para preparar el día perfecto. Solamente llevaban ocho meses juntos, no era suficiente como para que estuvieran haciendo tal alboroto, pero prefirió no hacer comentarios al respecto pues a ella le hubiera gustado que su novio la sorprendiera de aquella forma, pero como no tenía novio, ni lo tendría por el momento, prefirió dedicar su atención a la pancarta que debían dibujar.

-Pensé en llevar un dibujo en computadora para que lo impriman- le dijo ella cuando en el receso organizaba los papeles que llevaba en la carpeta titulada: “Caso Rubí”

Barajó un par de hojas y luego comenzó a mostrar dibujos para que Bruno eligiera uno de ellos.

-Si, bueno, yo pensé en hacerlo a mano-

-Pero es que no sé dibujar- se excusó, la verdad era que no quería poner más empeño del necesario en ese asunto que tanto la hería- ¿Tú sí?-

-No, de hecho, estuve platicando con un amigo, le pedí ayuda y me dijo que sólo necesitaba que le dijeras los colores y estaría bien.- mencionó con un tono jovial, seña de que estaba orgulloso de aportar más que aire al “Caso Rubí”

-Pues, si él lo hará no hay inconveniente, pero es en una semana, ¿lo recuerdas? ¿Crees que lo termine? Es del tamaño de un pizarrón-

-Él podrá, si le ayudas- murmuró lo último casi en un susurro, queriendo que Emilia no lo escuchara

-Sí, sólo me dices dónde nos vemos en la tarde para ponernos de acuerdo-

-No es necesario- dijo en un tono que no pudo catalogar la chica- ahí viene-

Cuando volteó se sorprendió de ver a Zacarías caminando hacia ellos, lo admiraba y ahora serían compañeros de “caso”.

-¿Qué hay Bruno?- saludó el chico

Era alto, tenía el cabello castaño oscuro, ondulado. Su piel no era clara, era más bien pálida, podía ver sus venas a través de la piel de sus brazos. Tenía una mirada intrigante, por no decir tenebrosa, y siempre, a donde quiera que fuera, llevaba aquél cuaderno de trazos.

Bruno respondió el saludo secamente con un asentimiento de su cabeza.

-¿Me puedo sentar?- preguntó y Emilia rápidamente respondió:

-Claro, no hay nadie más-

Bruno se sorprendió de ver reaccionar así a Emilia, lo miraba como si estuviera a punto de lanzarse a construir un altar a su alrededor.

Zacarías miró a Emilia y a Bruno alternativamente y después de unos momentos habló.

-Soy Zacarías, mucho gusto-

-Emilia, el gusto es mío- contestó estirando su mano, pensó que un apretón de mano sería todo pero en cuanto la mano de Zacarías se cernió encima de la suya sintió un jalón que la obligó a inclinarse hacia él. El chico le dio un beso en la mejilla que la dejó descolocada. No sabía bien qué era eso que sentía, pero le gustaba. Se alejó lentamente de él y lo miró fijamente a los ojos. Estuvieron así un momento hasta que alguien tosió y recordaron que había alguien más sentado en esa mesa.

Bruno tenía una mueca de incomodidad y los miraba receloso.

-Entonces, ¿haremos un dibujo o no? –

-Claro- susurró Zac mirando a Emilia con interés.

Después de unos detalles de producción y un par de indicaciones quedaron de verse en casa de Zacarías para comenzar la pancarta. Bruno pasaría por Emilia a su casa y de ahí se irían juntos hasta la casa del dibujante.

Por la tarde Bruno estaba puntual fuera de la casa de Emilia. Partieron unos minutos después debido a que Emilia estaba arreglando su cabello. Bruno nunca la había visto de civil por lo que aquella vez se esmeró en planchar su cabello en linear muy bien su maquillaje y en ponerse ropa que le ajustaba bien a su cuerpo. A pesar de estar ayudando al chico con la sorpresa para su novia, no perdía la esperanza de que un día se fijara en ella. Así que cuando subió al auto compacto de su amigo aquél dio un silbido expresando su sorpresa.

Eso regocijó a Emilia y así partieron a casa de Zacarías.

El hogar de Zacarías era grande, tenía dos pisos y una terraza. El patio del frente era grande y tenía unos rosales plantados aunque aún no florecían.

Cuando tocaron el timbre abrió una señora de aspecto amable y los hizo pasar a la sala. En la habitación había cuadros pegados en las paredes, cada uno más hermoso que el siguiente. La casa estaba llena por lo que se podía ver desde la sala.

-Ahora viene Zacarías-

Un minuto después se escucharon pasos en las escaleras y por ellas bajó Zac con un short y playera blanca. Tenía algunas manchas de pintura y traía un pincel en la mano.

-Pasen- dijo y plantó su vista en Emilia, con aquella blusa que tanto le favorecía, el impecable maquillaje y su cabello. No cabía duda de que la estaba analizando.

-Vamos- le dijo Bruno a Emilia, quien veía las pinturas, todas con un sello en forma de ave. Sintió la mano de su amigo en su hombro y empezaron a caminar hacia el cuarto.

Lo que Emilia vio ahí, no podía ser comparado con nada, absolutamente nada…

 

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