viernes, enero 21, 2011

Memorias olvidadas de Emilia- Capítulo 4

Destilado por: Patodizath en 7:53:00 p. m. 0 brindis


-Claro- dio un gran bocado de aire- Dime, ¿cuándo quieres darle esa sorpresa?-

-Pues es dentro de una semana y quiero que sea original- habló un tanto apenado.

Si tan solo hubiera comenzado a hablar antes… si se hubiera atrevido… en ese momento no estaría planificando una sorpresa para la chica que le estaba “robando” al hombre de sus sueños.

Aquella tarde planearon todo, desde cómo Bruno llevaría serenata, hasta cómo daría un paseo en el lago a la luz de la luna. Todo.

Para cuando se despidieron eran ya las cinco de la tarde y habían sobrevivido gracias a frituras y agua de horchata.

-Entonces hasta mañana- le dijo la chica mientras ponía un pie en el autobús

-Hasta mañana- respondió él- y… gracias Emilia-

Una sonrisa y se fue el autobús con ella a bordo. Una sonrisa y supo bien que no podría decirle a Bruno lo que sentía, por lo menos no hasta que terminara con Rubí y eso era algo que se veía muy lejano.

Al día siguiente llevó un plan completo de las cosas que debían hacer para preparar el día perfecto. Solamente llevaban ocho meses juntos, no era suficiente como para que estuvieran haciendo tal alboroto, pero prefirió no hacer comentarios al respecto pues a ella le hubiera gustado que su novio la sorprendiera de aquella forma, pero como no tenía novio, ni lo tendría por el momento, prefirió dedicar su atención a la pancarta que debían dibujar.

-Pensé en llevar un dibujo en computadora para que lo impriman- le dijo ella cuando en el receso organizaba los papeles que llevaba en la carpeta titulada: “Caso Rubí”

Barajó un par de hojas y luego comenzó a mostrar dibujos para que Bruno eligiera uno de ellos.

-Si, bueno, yo pensé en hacerlo a mano-

-Pero es que no sé dibujar- se excusó, la verdad era que no quería poner más empeño del necesario en ese asunto que tanto la hería- ¿Tú sí?-

-No, de hecho, estuve platicando con un amigo, le pedí ayuda y me dijo que sólo necesitaba que le dijeras los colores y estaría bien.- mencionó con un tono jovial, seña de que estaba orgulloso de aportar más que aire al “Caso Rubí”

-Pues, si él lo hará no hay inconveniente, pero es en una semana, ¿lo recuerdas? ¿Crees que lo termine? Es del tamaño de un pizarrón-

-Él podrá, si le ayudas- murmuró lo último casi en un susurro, queriendo que Emilia no lo escuchara

-Sí, sólo me dices dónde nos vemos en la tarde para ponernos de acuerdo-

-No es necesario- dijo en un tono que no pudo catalogar la chica- ahí viene-

Cuando volteó se sorprendió de ver a Zacarías caminando hacia ellos, lo admiraba y ahora serían compañeros de “caso”.

-¿Qué hay Bruno?- saludó el chico

Era alto, tenía el cabello castaño oscuro, ondulado. Su piel no era clara, era más bien pálida, podía ver sus venas a través de la piel de sus brazos. Tenía una mirada intrigante, por no decir tenebrosa, y siempre, a donde quiera que fuera, llevaba aquél cuaderno de trazos.

Bruno respondió el saludo secamente con un asentimiento de su cabeza.

-¿Me puedo sentar?- preguntó y Emilia rápidamente respondió:

-Claro, no hay nadie más-

Bruno se sorprendió de ver reaccionar así a Emilia, lo miraba como si estuviera a punto de lanzarse a construir un altar a su alrededor.

Zacarías miró a Emilia y a Bruno alternativamente y después de unos momentos habló.

-Soy Zacarías, mucho gusto-

-Emilia, el gusto es mío- contestó estirando su mano, pensó que un apretón de mano sería todo pero en cuanto la mano de Zacarías se cernió encima de la suya sintió un jalón que la obligó a inclinarse hacia él. El chico le dio un beso en la mejilla que la dejó descolocada. No sabía bien qué era eso que sentía, pero le gustaba. Se alejó lentamente de él y lo miró fijamente a los ojos. Estuvieron así un momento hasta que alguien tosió y recordaron que había alguien más sentado en esa mesa.

Bruno tenía una mueca de incomodidad y los miraba receloso.

-Entonces, ¿haremos un dibujo o no? –

-Claro- susurró Zac mirando a Emilia con interés.

Después de unos detalles de producción y un par de indicaciones quedaron de verse en casa de Zacarías para comenzar la pancarta. Bruno pasaría por Emilia a su casa y de ahí se irían juntos hasta la casa del dibujante.

Por la tarde Bruno estaba puntual fuera de la casa de Emilia. Partieron unos minutos después debido a que Emilia estaba arreglando su cabello. Bruno nunca la había visto de civil por lo que aquella vez se esmeró en planchar su cabello en linear muy bien su maquillaje y en ponerse ropa que le ajustaba bien a su cuerpo. A pesar de estar ayudando al chico con la sorpresa para su novia, no perdía la esperanza de que un día se fijara en ella. Así que cuando subió al auto compacto de su amigo aquél dio un silbido expresando su sorpresa.

Eso regocijó a Emilia y así partieron a casa de Zacarías.

El hogar de Zacarías era grande, tenía dos pisos y una terraza. El patio del frente era grande y tenía unos rosales plantados aunque aún no florecían.

Cuando tocaron el timbre abrió una señora de aspecto amable y los hizo pasar a la sala. En la habitación había cuadros pegados en las paredes, cada uno más hermoso que el siguiente. La casa estaba llena por lo que se podía ver desde la sala.

-Ahora viene Zacarías-

Un minuto después se escucharon pasos en las escaleras y por ellas bajó Zac con un short y playera blanca. Tenía algunas manchas de pintura y traía un pincel en la mano.

-Pasen- dijo y plantó su vista en Emilia, con aquella blusa que tanto le favorecía, el impecable maquillaje y su cabello. No cabía duda de que la estaba analizando.

-Vamos- le dijo Bruno a Emilia, quien veía las pinturas, todas con un sello en forma de ave. Sintió la mano de su amigo en su hombro y empezaron a caminar hacia el cuarto.

Lo que Emilia vio ahí, no podía ser comparado con nada, absolutamente nada…

 

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