domingo, marzo 13, 2011

Memorias Olvidadas de Emilia Cap. 6

Destilado por: Patodizath en 3:43:00 p. m. 0 brindis

-¿Por qué ahora no quieres quedarte?-

-Por nada-

-En serio, ya dime- insistió.

-Por nada, vámonos ya-

Durante todo el camino Bruno no le dirigió la palabra a Emilia, a pesar de sus muchas insistencias. Cuando estaban justo en la puerta de la casa de la chica Bruno se aclaró la garganta.

-Mañana iremos a comprar el material y YO iré a dejarlo con él- puso énfasis en el YO- no quiero que vuelvas a su casa-

La muchacha no podía sostener aquella cara de confusión, frente a ella estaba el chico que más quería, que amaba y que por supuesto era su mejor amigo, y ¿le estaba prohibiendo algo? Eso no le gustaba en lo más mínimo.

-¿¡Qué!?- se escandalizó- ¿Me estás prohibiendo que lo vea?

-Sí, no quiero que lo veas más, o que tengas algún otro tipo de contacto con él- siseó con los ojos clavados en el piso.

-¿¡Como por qué!?- cuestionó indignada- ¡No tienes derecho a restringirme de alguien!-

-No te lo puedo explicar, sólo no quiero que lo veas más, ni en su casa ni en la escuela- y con el mismo ímpetu que la había jalado en casa de Zacarías se marchó.

Y la dejó en la puerta de su casa con muchas dudas y confusiones.

Al siguiente día llegó muy temprano y pidió aquél licuado que tanto le gustaba, piña, mermelada, etc.

Al llegar al salón, lo vio sentado en su butaca, Bruno podía ser extraño cuando quería. Dejó su mochila en el suelo de la entrada al salón, y se dio la vuelta de inmediato para salir del salón.

Caminó apresurada por el pasillo, con licuado en mano. Su caminar se estaba convirtiendo en un trote, casi estaba corriendo. Llegó a las escaleras y las bajó de dos en dos. Cuando por fin llegó al patio visualizó una de las jardineras y caminó hacia ella.

Justo antes de poder llegar a la jardinera una mano se cerró en torno a su brazo y la giró sobre sí.

-Necesitamos hablar- murmuró Bruno

-Tú necesitas hablar- dijo secamente

-Por favor Emi- suplicó

-No me llames así, las personas que me aprecian de verdad me llaman así-

-Emi- instó de nuevo- No lo arruines-

-¿Qué no lo arruine?- se alteró la chica- ¡Tú fuiste el que sin razón alguna me prohibió tener un amigo! Ahora Bruno, si quieres hablar comienza por explicar porqué no puedo ser amiga de Zacarías-

-No-

-¡Por qué no!-

-No puedo decirlo-

-En serio Bruno, esto no me gusta nada, ¡Dímelo!-

-¡No puedo!-

-¡Dime!-

-¡Le gustas a Zacarías!-

Aquello más que nada eran gritos, y la mitad de los alumnos que había llegado temprano se había enterado de que a Zacarías le interesaba aquella muchacha de cabellos negros.

-¡¿Qué?!- otra vez descolocada

-Le gustas a Zac- repitió en voz más baja- y no quiero que lo sigas viendo por eso-

-Sabes que eso no tiene congruencia ¿verdad?-

-Le gustas-

-¿Y qué?-

-No quiero que lo veas-

-¿Por qué?-

-No puedo decirlo-

Rodó los ojos e insistió -¿Por qué?-

-No-

-En serio Bruno, me comienza a molestar esto-

-Es que… Yo estoy con Rubí…-

-Esto sí que es molesto, no entiendo el punto-

-Amo a Rubí, pero algo me está pasando contigo Emilia-

Emilia no sabía si sorprenderse por el hecho de que al parecer a Zacarías le interesaba o por el hecho de que Bruno parecía estar diciendo que a él también. Por lo que sin más preámbulo caminó de regreso al salón. Pasó junto a Bruno y no lo miró. Aquello la estaba confundiendo demasiado, no le gustaba sentirse así, para nada.

Bruno se quedó en aquella jardinera y se sentó junto a las magnolias. ¿Acababa de pasar realmente aquello? ¿En verdad se había atrevido?

Cuando había pasado un rato escuchó el timbre de entrada y se dirigió al salón donde vio a Emilia sentada en su lugar, a su lado estaba una compañera de clase que algunas veces almorzaba con ellos.

Tomó lugar lo más lejos posible y en cuanto la hora de receso llegó salió casi corriendo de ahí, en busca de alguien, en busca de Zacarías…

Memorias Olvidadas de Emilia Cap. 5

Destilado por: Patodizath en 3:29:00 p. m. 0 brindis

En el cuarto de Zacarías no había muchos muebles, estaba un colchón, no sabía si catalogar aquello como una cama pues era demasiado bajito como para ser una cama con base, “eso” estaba casi en el centro de aquél cuarto cuadrado, de fondo un gran ventanal que daba hacia el patio trasero, a un costado un armario y ya. No había otra cosa que no fuera una pseudo cama, y un pequeño armario muy seguramente lleno de todo, menos ropa.

Sin embargo, la recámara vacía no era lo que había sorprendido a Emilia, sino las paredes. No eran paredes precisamente, cada centímetro, cada esquina, cada recoveco de la recámara estaba inundado de pintura. En algunas partes había pinturas en blanco y negro, en otros había coloridos paisajes, el punto era que toda la pared estaba llena de hermosas piezas de arte.

No había otra cosa más que pintura, y de acuerdo a las manchas en la ropa de Zacarías y el pincel en su mano estaba haciendo una nueva obra.

-Pasen y siéntense- dijo alegre y señaló el piso, pues no había otro mueble excepto la cama para tomar asiento.

Bruno pasó con confianza y se sentó en la “cama” de Zacarías, comenzó a revolver entre los papeles que había en los aposentos y comentó algunas cosas de la escuela. Emilia se quedó parada viendo cómo el anfitrión regresaba hasta la pared contigua a la ventana.

Zacarías continuó con su tarea de adornar su cuarto, una mujer de espaldas a la vista con cabello negro se podía ver inconclusa.

Pintaba con pasión y entrecerraba los ojos de vez en cuando.

-Y… ¿Qué es lo que haremos?- preguntó de pronto y suspendiendo su trabajo.

Emilia comenzó a hacer una descripción de lo que quería, una pancarta con un dibujo de su amigo y su novia al centro, algunos corazones, un mensaje corto y uno que otro adorno extra.

Zacarías escuchó atento y mientras tanto dibujaba algo en una de las hojas que le había arrebatado a Bruno.

Para cuando Emilia acabó de hablar Zacarías tenía un bosquejo encantador y meloso de lo que había imaginado.

-Parece que tienes experiencia en esto de los dibujos de amor- comentó distraída Emilia mientras observaba a Bruno mientras leía.

-A veces me gusta hacerle honor- contestó mirándola fijamente, a pesar de que ella lo ignoraba por completo- Siéntate- volvió a invitar y ésta vez accedió a sentarse a un lado de Bruno, donde podía recargarse en sus rodillas.

Zacarías miró con recelo la acción y prosiguió modificando el dibujo. Después de dos horas, miradas indescifrables, carraspeos inoportunos e indirectas ignoradas los chicos tuvieron la opción final de la manta para el “caso rubí”.

Estaba comenzando a obscurecer, el cielo se había teñido naranja para cuando se levantaron de la cama.

-Mañana traeremos los materiales para que comiences a trabajar y tenerlo listo en esta semana- le dijo Emilia mientras tiraba del brazo de Bruno hacia la puerta.

-Podemos quedarnos a cenar, su mamá hace las tostadas más deliciosas que he probado- rogaba con ahínco.

-Es tarde Bruno, me regañarán- respondía Emilia.

-Pero las tostadas…-

-Puedes llamar a tu casa si lo necesitas, sería estupendo que se quedaran a cenar- interrumpió Zacarías- Emilia, si hay algo que pueda hacer- dio un par de pasos hacia ella- lo hago, con tal de que te puedas quedar un rato más-

Bruno detuvo su súplica de pronto, miró a su amigo y con una energía desbordante cambió los papeles con Emilia y comenzó a tirar de ella hacia la puerta.

-Puedo llamar- dijo ella entre jalones

-No, es tarde- respondió cortante su amigo, tenía aquella mirada de nuevo, indescifrable.

Zacarías se quedó al final de las escaleras viendo cómo su amigo arrastraba a la muchacha de cabello negro. La misma que estaba pintando en su cuarto…

 

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