-¿Por qué ahora no quieres quedarte?-
-Por nada-
-En serio, ya dime- insistió.
-Por nada, vámonos ya-
Durante todo el camino Bruno no le dirigió la palabra a Emilia, a pesar de sus muchas insistencias. Cuando estaban justo en la puerta de la casa de la chica Bruno se aclaró la garganta.
-Mañana iremos a comprar el material y YO iré a dejarlo con él- puso énfasis en el YO- no quiero que vuelvas a su casa-
La muchacha no podía sostener aquella cara de confusión, frente a ella estaba el chico que más quería, que amaba y que por supuesto era su mejor amigo, y ¿le estaba prohibiendo algo? Eso no le gustaba en lo más mínimo.
-¿¡Qué!?- se escandalizó- ¿Me estás prohibiendo que lo vea?
-Sí, no quiero que lo veas más, o que tengas algún otro tipo de contacto con él- siseó con los ojos clavados en el piso.
-¿¡Como por qué!?- cuestionó indignada- ¡No tienes derecho a restringirme de alguien!-
-No te lo puedo explicar, sólo no quiero que lo veas más, ni en su casa ni en la escuela- y con el mismo ímpetu que la había jalado en casa de Zacarías se marchó.
Y la dejó en la puerta de su casa con muchas dudas y confusiones.
…
Al siguiente día llegó muy temprano y pidió aquél licuado que tanto le gustaba, piña, mermelada, etc.
Al llegar al salón, lo vio sentado en su butaca, Bruno podía ser extraño cuando quería. Dejó su mochila en el suelo de la entrada al salón, y se dio la vuelta de inmediato para salir del salón.
Caminó apresurada por el pasillo, con licuado en mano. Su caminar se estaba convirtiendo en un trote, casi estaba corriendo. Llegó a las escaleras y las bajó de dos en dos. Cuando por fin llegó al patio visualizó una de las jardineras y caminó hacia ella.
Justo antes de poder llegar a la jardinera una mano se cerró en torno a su brazo y la giró sobre sí.
-Necesitamos hablar- murmuró Bruno
-Tú necesitas hablar- dijo secamente
-Por favor Emi- suplicó
-No me llames así, las personas que me aprecian de verdad me llaman así-
-Emi- instó de nuevo- No lo arruines-
-¿Qué no lo arruine?- se alteró la chica- ¡Tú fuiste el que sin razón alguna me prohibió tener un amigo! Ahora Bruno, si quieres hablar comienza por explicar porqué no puedo ser amiga de Zacarías-
-No-
-¡Por qué no!-
-No puedo decirlo-
-En serio Bruno, esto no me gusta nada, ¡Dímelo!-
-¡No puedo!-
-¡Dime!-
-¡Le gustas a Zacarías!-
Aquello más que nada eran gritos, y la mitad de los alumnos que había llegado temprano se había enterado de que a Zacarías le interesaba aquella muchacha de cabellos negros.
-¡¿Qué?!- otra vez descolocada
-Le gustas a Zac- repitió en voz más baja- y no quiero que lo sigas viendo por eso-
-Sabes que eso no tiene congruencia ¿verdad?-
-Le gustas-
-¿Y qué?-
-No quiero que lo veas-
-¿Por qué?-
-No puedo decirlo-
Rodó los ojos e insistió -¿Por qué?-
-No-
-En serio Bruno, me comienza a molestar esto-
-Es que… Yo estoy con Rubí…-
-Esto sí que es molesto, no entiendo el punto-
-Amo a Rubí, pero algo me está pasando contigo Emilia-
Emilia no sabía si sorprenderse por el hecho de que al parecer a Zacarías le interesaba o por el hecho de que Bruno parecía estar diciendo que a él también. Por lo que sin más preámbulo caminó de regreso al salón. Pasó junto a Bruno y no lo miró. Aquello la estaba confundiendo demasiado, no le gustaba sentirse así, para nada.
Bruno se quedó en aquella jardinera y se sentó junto a las magnolias. ¿Acababa de pasar realmente aquello? ¿En verdad se había atrevido?
Cuando había pasado un rato escuchó el timbre de entrada y se dirigió al salón donde vio a Emilia sentada en su lugar, a su lado estaba una compañera de clase que algunas veces almorzaba con ellos.
Tomó lugar lo más lejos posible y en cuanto la hora de receso llegó salió casi corriendo de ahí, en busca de alguien, en busca de Zacarías…
