viernes, agosto 31, 2012

Princesa

Destilado por: Patodizath en 4:37:00 p. m. 1 brindis
Siempre supo que algo en su cabeza estaba mal, sabía desde pequeña que ver la sangre de sus rodillas brotar sin inmutarse no era realmente algo normal.
A veces incluso fingía caerse para poder ver qué tanto tardaba en salir la sangre, o cuánto tardaba en parar.

Pasó toda la primaria buscando ocasiones para ver su sangre.  La secundaria trajo consigo el ciclo femenino tan esperado para ella. Era la única de sus amigas que realmente se alegraba de que el día 28 llegara.

Después vinieron todas esas críticas y pleitos con la talla y el espejo… y todo empeoró.

Quería que todo acabara y sus ansias eran muchas.

Más de una ocasión terminó cortando un poco de su piel, rasgándola hasta que había un rastro púrpura sobre ella.

Luego se combinó el desorden.  El rasguño además de sangre le aclaraba por lo que lloraba. Y escribió lo que la báscula decía, sobre su pierna izquierda se alcanzan a ver todavía las listas de pesos. En su brazo derecho el nombre de su princesa y en su estómago, ahí junto al ombligo en el idioma del norte la condición que su retorcida mente le indicaba.

Las cosas con sus padres no podían ir peor, las depresiones y peleas aumentaron, también sus cortes  y se fue el novio en turno.

Un día después de la pelea habitual de la merienda entró a su cuarto decidida a estrenar una nueva herida en su brazo pero su madre quiso que la riña fuera más larga y minutos después irrumpió de golpe en su cuarto.  Gritó y mil veces la maldijo por lo infantil que era y la manera en que quería parecer vulnerable. Lastimosamente no era una actuación, los golpes que recibió esa noche dolieron menos que los cortes que se hizo después.

Mamá nunca entendió que ella buscaba otra cosa.

Papá no llegó a dormir y ella sabía que no volvería.  El almuerzo se fue al retrete junto con la comida y la cena de los siguientes tres meses.  También se fue el siguiente novio y jamás volvió a haber otro.

Llegó el examen de rigor frente al espejo y lo reprobó. Ese día su pierna derecha recibió el castigo.

Entonces entendió que no era bastante con eso. Si retornar el alimento no era apto entonces habría que hacer algo más.

Mamá no estuvo presente y la comida tampoco.

50 no fue suficiente.

Mamá pensó en su estrategia de atención y la volvió a ignorar.

Pasó un mes y otro.

Vestidos talla 5 volaban sobre ella.

Pero el 3 no.

Un corte más para su brazo, la cicatriz formaría una enorme corona.

46 no fue suficiente.
Tampoco 40.
Mucho menos 38.

Vestido 0, cumplido.

Mamá esta vez no pudo ignorarla.  No podía cuando la caja era color blanca. Cuando el vestido 0 quedaba holgado. Cuando 34 era un peso demasiado grande para su culpa. Cuando los cortes mostraban su historia. Cuando su diario la pintaba de antagonista. Cuando no podía negarlo.



La princesa estaba dormida pero no había príncipe que la despertara.





lunes, julio 09, 2012

2° Chance

Destilado por: Patodizath en 2:17:00 a. m. 1 brindis
Te miré entre la gente casi cinco años después, fue tarde para decir las cosas que aquella última noche no dije.

Efectivamente, la primavera se avecinaba y con ella, el recuerdo de que en algún lugar del mundo, una persona me pensaría un día al menos. Sí, tanto tiempo después aún seguía brindando por ti cuando celebraba. Pero era demasiado difícil no sentir un apretón para nada agradable dentro de mi pecho cuando lo hacía.

Dueles cada que llega ese día, dueles cada día después y antes de él.
Aquella noche pasó todo demasiado rápido, sentí que el momento nunca llegó y preferí huir. Estaba dispuesta a decir tantas cosas pero verte así, tranquilo, disfrutando, sonriendo y celebrando me quitó poco a poco las ganas de hacerlo. además claro de la posible respuesta negativa que podría haber de tu parte.

Escucharte cuando hablabas fue a todas luces el mejor regalo que pudieron darme aquél  o cualquier otro día incluso hoy, mientras esperaba en la fila del banco, aburrida, cansada, pude reconocer esa risa detrás de mí.
Había tres personas que nos separaban  y que hacían barullo pero fuiste inconfundible, como siempre. Me congelé y soporté varios instantes sin respirar tan sólo para comprobar que eras tú.
Sopesé las posibilidades de que no me recordaras, de que no quisieras hablarme, de que si te saludaba me ignoraras y qué tan doloroso sería eso.

Pero aún así en mi mente, una muy bajita voz me dijo “ya dejaste pasar mucho tiempo” y comprendí que aunque el tiempo no diera marcha atrás yo tenía que intentar al menos obtener una mirada tuya.
Giré lentamente y ahí, entre un hombre de bigote al estilo  Pancho Villa y la mujer  de vestido blanco te vi, mientras sostenías tu móvil.

Observé por varios minutos y por qué mentir, me embobé lo suficiente como para que quien estaba detrás de mí me diera un empujón para avanzar. Después de dar dos o tres pasos hacia la ventanilla de servicio volví a girar mi cabeza; seguías hablando, reías y comentabas muchas cosas, no sabía qué decías pero el miedo inconmensurable que tenía de que en algún momento dijeras “sí mi amor” era tanto que mis manos temblaban.

Siempre supe que no tardarías en encontrar pareja, pero estos años me habían dejado claro que no estaba preparada para verlo como un hecho. Aún así, decidí complacer a la señora que por segunda vez me empujaba y dejé la fila.


No me viste hasta que estuve frente a ti lo que me dio oportunidad de arreglar un poco mi blusa y subir mi pantalón. Necesitaba causar una buena impresión. No sé si sería buena o mala pero  ver que cuando te diste cuenta de mi presencia colgaste con un “te marco luego” dirigido a la bocina me pareció una buena señal.

-Hola- balbuce
-Hola- respondiste

Justo en ese momento me perdí aún más. Supe que quería ver esos ojos siempre, que tu voz era lo que quería y necesitaba.
Tu boca formó una demasiado hermosa sonrisa y tuve que sacar fuerza de quien sabe donde para sostenerme, sí te quise, sí te quiero, sí te querré.

Hacía varios años que te había dejado de ver, que mi ciudad de residencia había cambiado y que el contacto que teníamos se limitaba a saber de ti por medio de amigos. Hacía varios años que había terminado la etapa en la que había disfrutado tu presencia diariamente. Hacía varios años, que me había detenido, aquella noche de celebración no dije nada y guardé mis sentimientos.

Sí, fui cobarde, lo acepto. El miedo a que te dieras la vuelta fue más poderoso, pero no hoy. Ya no tenía nada que perder, mi monótona vida al menos tendría algo fuera de lo normal.

Si te ibas habría una buena razón para llorar.
Si te quedabas… si te quedabas todo estaría bien…


lunes, mayo 14, 2012

Just in the end

Destilado por: Patodizath en 10:31:00 p. m. 0 brindis
Después de tanto tiempo, diez desgraciados meses, aquí me tienen dando lata :)
Espero sus opiniones, no podía publicar otro final, aunque miles de ideas me rondaron.
Un abrazo a los que me dieron ánimos para continuar la historia.
¡Saludos desde el Borde Etílico!

Memorias olvidadas de Emilia Cap. 9 (FIN)

Destilado por: Patodizath en 10:29:00 p. m. 0 brindis

Tres meses y medio. Ninguna novedad. Nada en especial ocurría en sus vidas.

Bueno, casi nada.

En realidad, hacían ya dos meses que su noviazgo con Zacarías se había hecho oficial. Un mes y medio había pasado desde el día en que juntos se lo dijeron a Bruno. Y un mes apenas era el tiempo transcurrido desde que había dejado de actuar como zombie y les dirigía la palabra a ambos.

Cosas irrelevantes.

Durante todas las vacaciones de invierno Zacarías y Emilia habían quedado para salir más de cinco veces lo que la convenció para aceptar que lo que tenía con Zacarías iba un poco más allá de una amistad.
Al regresar de vacaciones se hizo evidente la falta que le hacía tenerla con él y frente a un licuado de plátano con mermelada como testigo le pidió ser su novia.

En efecto, ninguna novedad.


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-Deberíamos ir a comer pizza- mencionó mientras caminaban hacia la parada del transporte.
Zacarías era un buen muchacho,  le daba su lugar, la trataba bien, la respetaba y  por sobre todas las cosas, la amaba.

Emilia era muy olvidadiza pero era compensada por él. Un día le preguntaron si Zacarías era zurdo o diestro, una plática trivial hasta el momento en que se planteó la misma pregunta. Nunca había puesto atención en ese ínfimo detalle. Respondió con un simple “no lo recuerdo” y siguió la plática. Fue hasta que estaba en su casa, leyendo, despatarrada en su cama que pudo recordar que las largas tardes que lo veía pintar en su cuarto, en el patio de su casa, en el receso, en la jardinera de la escuela, en el transporte de camino a su casa, siempre su mano izquierda era la compañera de autoría en sus pinturas y dibujos. Zacarías era zurdo.

Emilia era despistada pero  lograba recordar buenas cosas y con el pensamiento de su traicionera memoria aceptó la invitación a comer que su novio le estaba haciendo.

-Siempre y cuando sea hawaiana- aceptó sonriente. El beso que prosiguió hubiera durado más si una leve tosecilla no los hubiera interrumpido.

-Chicos- farfulló Bruno a modo de saludar.
Zac hizo un breve movimiento con la cabeza en respuesta.
-Hola-  dijo Emilia. Su sonrisa rompía con el escenario tenso de siempre.
Un silencio incómodo precedió a un silencio normal.
-¿Qué harán en la tarde?- cuestionó avanzando logrando que  la pareja lo siguiera.
-Pues, Zac y yo iremos a comer pizza, ¿gustas ir?-

Bruno comenzó un debate interno, sus ojos estaban perdidos en la lejanía. Así pasó un momento hasta que con una mueca que intentaba formar una sonrisa respondió sombrío.

-Gracias, pero creo que será otro día-

Sabía que no era el momento para simplemente comenzar a ser el amigo de la pareja. Aún carcomía verlos tomados de la mano. Aún sentía un vacío en el estómago cuando platicaban en el receso y por descuido los sorprendía mirándose el uno al otro como si el mundo no existiera. Todavía un recelo lo roía al descubrirlos de camino al transporte besándose.

Emilia entendió sus pensamientos sin escucharlos, aún era su mejor amiga y con un gran abrazo se despidió del que fuera su amor platónico.

Zacarías mencionó que jugaría futbol con sus compañeros de salón y que Bruno estaba invitado.
El leve asentimiento confirmó que había recibido el mensaje.

Se dio la vuelta y se alejó de ellos.

Zacarías hacía el intento de que Bruno regresara a su vida como el buen amigo que fue desde la escuela primaria;  buscaba por todos los medios que la relación que ahora tenía con Emilia no se viera afectada por la pesadez de su casi rota amistad.

Bruno no salía con nadie. Rubí era cosa bastante olvidada, sólo sabía que el mismo día que había mencionado a Emilia lo que sentía, había terminado con ella. Después de que le habían confesado su noviazgo Emilia y él no lo habían visto como normalmente era, pero al menos ahora les dirigía la palabra.

¿Insistir? Realmente no creía que fuera prudente, por lo que alcanzaba  a ver en su mirada aún lo molestaba su relación y prefería dejar las cosas por el lado sano.

Tomó fuertemente la mano de su novia, quien probablemente intentaba ser amable con su amigo y lo miraba apenada mientras se alejaba de ellos.

Le dio un fuerte abrazo y la arrastró hasta la parada intentando convencerla de que la pizza hawaiana podía ser fácilmente reemplazada por una de peperoni.

 Los días tendrían que arreglar el barullo dejado por la intervención de Don Amor. Esa amistad no podía simplemente terminarse, así que la preocupación se despejó y dio paso al disfrute del día. Los tres sabían que en determinado momento se arreglarían las cosas pero sería cuestión de darle la oportunidad al tiempo de jugar su rol de médico.

Mientras tanto Emilia continuó cavilando entre sus recuerdos. Divagando hasta ese día en que Zacarías le mostró la pintura en su cuarto, esa en la que ella aparecía y que le susurró al oído de su conciencia que lo amaba. Nunca olvidaría eso, nunca olvidaría que él la había tomado en cuenta desde que la había conocido. No necesitó que alguien más la “descubriera”.

Supo que su elección había sido la mejor así que concedió la pizza de peperoni tan sólo ese día y a cambio recibió el par de besos extra por parte de su novio.

Emilia era agradable, recordaba cómo había conocido a Bruno, su mejor amigo, recordaba cuándo se  había dado cuenta de que amaba a Zacarías, su novio, aunque en el resto de las cosas su memoria la abandonara.


:::::::::::::::::::FIN::::::::::::::::::::
 

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