lunes, mayo 14, 2012

Memorias olvidadas de Emilia Cap. 9 (FIN)

Destilado por: Patodizath en 10:29:00 p. m.

Tres meses y medio. Ninguna novedad. Nada en especial ocurría en sus vidas.

Bueno, casi nada.

En realidad, hacían ya dos meses que su noviazgo con Zacarías se había hecho oficial. Un mes y medio había pasado desde el día en que juntos se lo dijeron a Bruno. Y un mes apenas era el tiempo transcurrido desde que había dejado de actuar como zombie y les dirigía la palabra a ambos.

Cosas irrelevantes.

Durante todas las vacaciones de invierno Zacarías y Emilia habían quedado para salir más de cinco veces lo que la convenció para aceptar que lo que tenía con Zacarías iba un poco más allá de una amistad.
Al regresar de vacaciones se hizo evidente la falta que le hacía tenerla con él y frente a un licuado de plátano con mermelada como testigo le pidió ser su novia.

En efecto, ninguna novedad.


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-Deberíamos ir a comer pizza- mencionó mientras caminaban hacia la parada del transporte.
Zacarías era un buen muchacho,  le daba su lugar, la trataba bien, la respetaba y  por sobre todas las cosas, la amaba.

Emilia era muy olvidadiza pero era compensada por él. Un día le preguntaron si Zacarías era zurdo o diestro, una plática trivial hasta el momento en que se planteó la misma pregunta. Nunca había puesto atención en ese ínfimo detalle. Respondió con un simple “no lo recuerdo” y siguió la plática. Fue hasta que estaba en su casa, leyendo, despatarrada en su cama que pudo recordar que las largas tardes que lo veía pintar en su cuarto, en el patio de su casa, en el receso, en la jardinera de la escuela, en el transporte de camino a su casa, siempre su mano izquierda era la compañera de autoría en sus pinturas y dibujos. Zacarías era zurdo.

Emilia era despistada pero  lograba recordar buenas cosas y con el pensamiento de su traicionera memoria aceptó la invitación a comer que su novio le estaba haciendo.

-Siempre y cuando sea hawaiana- aceptó sonriente. El beso que prosiguió hubiera durado más si una leve tosecilla no los hubiera interrumpido.

-Chicos- farfulló Bruno a modo de saludar.
Zac hizo un breve movimiento con la cabeza en respuesta.
-Hola-  dijo Emilia. Su sonrisa rompía con el escenario tenso de siempre.
Un silencio incómodo precedió a un silencio normal.
-¿Qué harán en la tarde?- cuestionó avanzando logrando que  la pareja lo siguiera.
-Pues, Zac y yo iremos a comer pizza, ¿gustas ir?-

Bruno comenzó un debate interno, sus ojos estaban perdidos en la lejanía. Así pasó un momento hasta que con una mueca que intentaba formar una sonrisa respondió sombrío.

-Gracias, pero creo que será otro día-

Sabía que no era el momento para simplemente comenzar a ser el amigo de la pareja. Aún carcomía verlos tomados de la mano. Aún sentía un vacío en el estómago cuando platicaban en el receso y por descuido los sorprendía mirándose el uno al otro como si el mundo no existiera. Todavía un recelo lo roía al descubrirlos de camino al transporte besándose.

Emilia entendió sus pensamientos sin escucharlos, aún era su mejor amiga y con un gran abrazo se despidió del que fuera su amor platónico.

Zacarías mencionó que jugaría futbol con sus compañeros de salón y que Bruno estaba invitado.
El leve asentimiento confirmó que había recibido el mensaje.

Se dio la vuelta y se alejó de ellos.

Zacarías hacía el intento de que Bruno regresara a su vida como el buen amigo que fue desde la escuela primaria;  buscaba por todos los medios que la relación que ahora tenía con Emilia no se viera afectada por la pesadez de su casi rota amistad.

Bruno no salía con nadie. Rubí era cosa bastante olvidada, sólo sabía que el mismo día que había mencionado a Emilia lo que sentía, había terminado con ella. Después de que le habían confesado su noviazgo Emilia y él no lo habían visto como normalmente era, pero al menos ahora les dirigía la palabra.

¿Insistir? Realmente no creía que fuera prudente, por lo que alcanzaba  a ver en su mirada aún lo molestaba su relación y prefería dejar las cosas por el lado sano.

Tomó fuertemente la mano de su novia, quien probablemente intentaba ser amable con su amigo y lo miraba apenada mientras se alejaba de ellos.

Le dio un fuerte abrazo y la arrastró hasta la parada intentando convencerla de que la pizza hawaiana podía ser fácilmente reemplazada por una de peperoni.

 Los días tendrían que arreglar el barullo dejado por la intervención de Don Amor. Esa amistad no podía simplemente terminarse, así que la preocupación se despejó y dio paso al disfrute del día. Los tres sabían que en determinado momento se arreglarían las cosas pero sería cuestión de darle la oportunidad al tiempo de jugar su rol de médico.

Mientras tanto Emilia continuó cavilando entre sus recuerdos. Divagando hasta ese día en que Zacarías le mostró la pintura en su cuarto, esa en la que ella aparecía y que le susurró al oído de su conciencia que lo amaba. Nunca olvidaría eso, nunca olvidaría que él la había tomado en cuenta desde que la había conocido. No necesitó que alguien más la “descubriera”.

Supo que su elección había sido la mejor así que concedió la pizza de peperoni tan sólo ese día y a cambio recibió el par de besos extra por parte de su novio.

Emilia era agradable, recordaba cómo había conocido a Bruno, su mejor amigo, recordaba cuándo se  había dado cuenta de que amaba a Zacarías, su novio, aunque en el resto de las cosas su memoria la abandonara.


:::::::::::::::::::FIN::::::::::::::::::::
 

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