Te miré entre la gente casi cinco años
después, fue tarde para decir las cosas que aquella última noche no dije.
Efectivamente, la primavera se avecinaba y
con ella, el recuerdo de que en algún lugar del mundo, una persona me pensaría
un día al menos. Sí, tanto tiempo después aún seguía brindando por ti cuando
celebraba. Pero era demasiado difícil no sentir un apretón para nada agradable dentro
de mi pecho cuando lo hacía.
Dueles cada que llega ese día, dueles cada
día después y antes de él.
Aquella noche pasó todo demasiado rápido,
sentí que el momento nunca llegó y preferí huir. Estaba dispuesta a decir
tantas cosas pero verte así, tranquilo, disfrutando, sonriendo y celebrando me
quitó poco a poco las ganas de hacerlo. además claro de la posible respuesta negativa que podría haber de tu parte.
Escucharte cuando hablabas fue a todas
luces el mejor regalo que pudieron darme aquél o cualquier otro día incluso hoy, mientras
esperaba en la fila del banco, aburrida, cansada, pude reconocer esa risa
detrás de mí.
Había tres personas que nos separaban y que hacían barullo pero fuiste
inconfundible, como siempre. Me congelé y soporté varios instantes sin respirar
tan sólo para comprobar que eras tú.
Sopesé las posibilidades de que no me
recordaras, de que no quisieras hablarme, de que si te saludaba me ignoraras y
qué tan doloroso sería eso.
Pero aún así en mi mente, una muy bajita
voz me dijo “ya dejaste pasar mucho tiempo” y comprendí que aunque el tiempo no
diera marcha atrás yo tenía que intentar al menos obtener una mirada tuya.
Giré lentamente y ahí, entre un hombre de
bigote al estilo Pancho Villa y la mujer
de vestido blanco te vi, mientras sostenías tu móvil.
Observé por varios minutos y por qué
mentir, me embobé lo suficiente como para que quien estaba detrás de mí me
diera un empujón para avanzar. Después de dar dos o tres pasos hacia la
ventanilla de servicio volví a girar mi cabeza; seguías hablando, reías y
comentabas muchas cosas, no sabía qué decías pero el miedo inconmensurable que
tenía de que en algún momento dijeras “sí mi amor” era tanto que mis manos
temblaban.
Siempre supe que no tardarías en encontrar
pareja, pero estos años me habían dejado claro que no estaba preparada para
verlo como un hecho. Aún así, decidí complacer a la señora que por segunda vez
me empujaba y dejé la fila.
No me viste hasta que estuve frente a ti lo
que me dio oportunidad de arreglar un poco mi blusa y subir mi pantalón. Necesitaba
causar una buena impresión. No sé si sería buena o mala pero ver que cuando te diste cuenta de mi presencia
colgaste con un “te marco luego” dirigido a la bocina me pareció una buena
señal.
-Hola- balbuce
-Hola- respondiste
Justo en ese momento me perdí aún más. Supe
que quería ver esos ojos siempre, que tu voz era lo que quería y necesitaba.
Tu boca formó una
demasiado hermosa sonrisa y tuve que sacar fuerza de quien sabe donde para sostenerme,
sí te quise, sí te quiero, sí te querré.
Hacía varios años que te había dejado de
ver, que mi ciudad de residencia había cambiado y que el contacto que teníamos
se limitaba a saber de ti por medio de amigos. Hacía varios años que había
terminado la etapa en la que había disfrutado tu presencia diariamente. Hacía
varios años, que me había detenido, aquella noche de celebración no dije nada y
guardé mis sentimientos.
Sí,
fui cobarde, lo acepto. El miedo a que te dieras la vuelta fue más poderoso,
pero no hoy. Ya no tenía nada que perder, mi monótona vida al menos tendría
algo fuera de lo normal.
Si te ibas habría una buena razón
para llorar.
Si te quedabas… si te quedabas todo estaría bien…

